Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

¡Tiranos cobrad!

La donación de dinero del pueblo uruguayo a tiranías incalificables recobró por estos días notoriedad. La satrapía castrista, se financia en parte con la oferta de médicos.

Se les suele aludir como enfermeros calificados. Normalmente si un país los recibe paga aproximadamente 4.000 dólares al “gobierno” de Cuba y este le da a cada médico unos 400 dólares. Del “salario” parte se lo guarda en la isla, para que si molestan de alguna forma al régimen ni siquiera cobren esta menguada retribución (un médico en Cuba gana 1.200 pesos uruguayos por mes, más una bolsa de alimentos mensual con escasos productos básicos). Este sistema propio de la esclavitud se calificó por las Naciones Unidas como “trata de personas”.

Acá se inscribe la “Operación Milagro” promovida por el primer gobierno frenteamplista. Por intermedio de ella se realizaron miles de operaciones de ojos -cataratas y otras patologías- en nuestro país, en el viejo Hospital Saint Bois, sin costo para los pacientes. Todo parecía un acto de solidaridad “socialista”. En realidad, le perdonamos a la tiranía una vieja deuda de más de 30 millones de dólares que tenía con nuestra república. Fue el pago del evento. El resultado plausible no se discute. Pero, los médicos cubanos -cuya situación laboral ha sido referida- no revalidaron sus títulos en nuestro país, como reclamaron los médicos uruguayos. Solo razones ideológicas explican que se haya dejado de lado una solución al tema, de costo económico parecido, con los médicos calificados de nuestro país. Más cercanamente, con participación y visita a Caracas de los presidentes Vázquez y Mujica incluidas (adornada esta con pose televisiva y luciendo una chaqueta de oficial del ejército “bolivariano”), las relaciones con Chávez se iniciaron bajo impulso de pasión infinita. Históricamente Uruguay tenía en Venezuela un destino comercial vinculado especialmente a la exportación de alimentos. Los gobernantes frentistas estimularon la actividad de intercambio comercial, y, dado que la tiranía bolivariana compra de fiado, el resultado final es que “han quedado adentro”, desde hace cinco años, productores lecheros de Conaprole y 80 trabajadores de una cooperativa de Funsa. Los primeros por venta de lácteos, con un crédito de 30 millones de dólares, y los segundos por uno de tres millones y medio de dólares, adeudados por venta de neumáticos. Todo inserto en opacos acuerdos entre los gobiernos frenteamplistas y Venezuela.

El tragicómico Nicolás Maduro y la organización narco-militar que le respalda, circunstancia asentada en información de amplio respaldo periodístico mundial, no se caracterizan por honrar sus obligaciones. Así, los compatriotas damnificados reclaman nuevamente la intervención de Cancillería. Tarea incierta en curso.

A su vez hay protestas, con marchas callejeras, cánticos agresivos y huelgas generales proyectadas. Los acontecimientos citados, los miles de millones de dólares perdidos en iniciativas fallidas (Ancap, Pluna, regasificadora, etc.) y el déficit fiscal, se desconocen. Una hacienda pública “progresista” adecuada, habría impulsado otra capacidad estatal para encarar al virus.

¿Es aceptable ignorar en asonadas el drama de miles de desocupados, empresarios, profesionales universitarios; la producción, la industria y el comercio todo, a causa de la pandemia? ¿Tiene espacio el Estado para ignorar la situación de sus contribuyentes?

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