Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

Sordo en tiroteo

Nuestro país fue una admirada excepción latinoamericana, su carácter republicano se construyó a partir del: “Mi autoridad emana de vosotros y cesa ante vuestra presencia soberana”, de José Artigas.

Luchas civiles mediante, desde principios del pasado siglo sus instituciones basadas en la separación de poderes -también predicada por el prócer- fueron impronta nacional. A ello suma la inquietud social. Blancos y colorados, nacionalistas y batllistas, fuerzas abrumadoramente predominantes de la génesis democrática del país, aportaron lo suyo. Así fue hasta que fuerzas totalitarias, abrazadas a las criminales tiranías comunistas de Rusia y Cuba, hacia 1973, nos llevaron al caos y el amanecer de un estado de facto, que cambiaron nuestro curso histórico. Esas fuerzas mantienen su rechazo a la democracia y lo demuestran en el contubernio del gobierno del Frente Amplio con la tiranía venezolana.

Tradicionalmente el país tuvo embajadores de carrera en Venezuela. Esto cambió en el 2004, con el advenimiento al gobierno en Venezuela del “comandante” Chávez (1999), y luego en Uruguay el presidente Tabaré Vázquez en marzo de 2005. Pasaron a ser conmilitones del Frente Amplio. “Nunca vi un gobierno tan ineficaz e inepto como el bolivariano. Había un discurso que centraba en Chávez la solución de la pobreza pero no había ningún programa. En los cinco años que estuve no vi que se hiciera un hospital o una escuela. Es más, liquidó todos los programas sociales que había en la presidencia anterior (Rafael Caldera) y pasó ese presupuesto a las FFAA en enero de 2000” -según dijo el último embajador uruguayo de carrera en Venezuela, Juan José Arteaga (El Observador, 2/02/19). Agregando que progresivamente la presencia militar desbordó su papel constitucional , pasando a tener un rol político preponderante. Las relaciones comerciales internacionales notoriamente tuvieron un nuevo curso. Se hacían negocios directamente, con los amigos. La Argentina de Kirchner, el Brasil de Lula y el Uruguay de Tabaré y Pepe. Y, en el marco de los negocios multimillonarios que involucran al Ing. Javier Váz-quez, relatados por este, en el mismo piso donde tenía su sede comercial, en un edificio de apartamentos en Caracas, se instaló nada menos que… la embajada de la República Oriental del Uruguay. Cabe preguntar: ¿para que no hubiesen confusiones?

Lo que dejan en claro las operaciones por el costado de la iglesia, entre chavistas y amigos, es de qué forma se ha saqueado al pobre pueblo venezolano, fundiendo su industria petrolera, corrompiendo los negocios internacionales, pagando sobreprecios y defendiendo con las bayonetas un narcoestado, probadamente inmerso en el tráfico de cocaína colombiana a Estados Unidos y Europa.

La línea de la cancillería frentista, errática desde siempre en todo, hace imposible descifrar qué opina definitivamente sobre la realidad venezolana. Sesenta países del mundo libre no tienen dudas. La tiranía ha acallado la autodeterminación de un pueblo que defiende con la vida su futuro republicano. El penoso aporte que acaba de hacer el gobierno frentista en Montevideo a otros países en amañada reunión es el de pedir… que no se liberen los presos políticos ¿Quién dijo derechos humanos? Así las cosas a nadie llama la atención que el ministro de relaciones exteriores frentista luzca públicamente más desorientado que sordo en tiroteo.

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