Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

Sonó el silbato

La hinchada de a pie está lejos del manejo del fútbol uruguayo. Lo nuestro es la tribuna de cemento o de casa. La trayectoria histórica futbolística nacional es desproporcionada al poderío del país y la población que somos.

Atrás de la dirección de las instituciones en medio de grandes carencias y algunos oportunistas, hay auténticos héroes, dirigentes, empleados y jugadores que hacen que haya fútbol. En todas las divisiones. Con la celeste como abanderada. En otro terreno este entretenimiento es uno de los mayores negocios del mundo.

La FIFA (Federación Internacional de Fútbol Asociación) es un ente jurídico internacional de derecho privado que se rige por sus estatutos y tiene sede en Zúrich. Es la dueña del circo del fútbol profesional planetario. Se organiza en dependencias regionales como la Conmebol (Confederación Sudamericana de Fútbol) con sede en Asunción, a la que voluntariamente integran a su vez las asociaciones nacionales, como la AUF (Asociación Uruguaya de Fútbol) que son personas jurídicas de derecho privado constituidas según la legislación de cada país. Las que a su vez tienen como miembros a los clubes de fútbol locales. Todos los integrantes de la pirámide, incluidos los jugadores de fútbol profesional, aceptan los estatutos de la FIFA. Que prevén entre otras cosas que los trapos sucios de los asociados se ventilan fundamentalmente en casa (de la FIFA). Quien no lo haga puede pasar que no pateé una pelota más en el planeta.

El "escandalete" actual de la AUF, como los cuadernos del argentino Centeno, es una película de suspenso. No se sabe cómo termina.

Comenzó con un mare magnum de grabaciones clandestinas, negocios aparentemente non sanctos, renuncias de autoridades, gobierno provisorio, denuncias penales, etc., que dieron pie a las autoridades de la Conmebol y de la FIFA a disponer la intervención de la AUF. Ahora será regida por un triunvirato extranjero. Según se sabe sus integrantes ya constituidos en el país han nombrado una "comisión regularizadora" que preside el Dr. Pedro Bordaberry y agregarán a ella otra consultiva, todo en aras de mantener la continuidad de la actividad profesional y ajustar la vida de la asociación nacional a los dictados de la FIFA. En la designación de las comisiones antes citadas se ha tratado de mantener un equilibrio entre los principales sectores de la política nacional y de los principales clubes de fútbol.

Apoyan la intervención la mayoría de los jugadores profesionales liderados por los integrantes de la selección celeste, que no se ven representados por la actual dirección de la Mutual de Jugadores Profesionales (de sesgo político mujiquista). La gremial de árbitros de fútbol también ha estado a favor de la intervención, así como la Organización de Fútbol del Interior.

Telón de fondo del asunto es el conflicto entre Conmebol y el grupo Casal. Los clubes que simpatizan con este último desde hace años han postergado una reforma de estatutos de la AUF patrocinada por Conmebol. La reforma fortalece la posición de la Confederación su-damericana frente al citado núcleo empresarial privado. Ya que cambia el actual sistema de votación de la entidad nacional, en la que hasta ahora Casal ha tenido mayoría favorable. Al quedar la AUF sin presidente por renuncia del Sr. Wilmar Valdez, Conmebol con artilugios y fundamento jurídico exigió el cambio estatutario previo a que se designe nuevo presidente. Y, dispuso la intervención. Silbato y otro partido.

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