Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

¿Siga el baile?

La inseguridad pública está llegando a extremos increíbles. Es imparable. Homicidios, femicidios, rapiñas, robos. Cualquier brutalidad es de ocurrencia posible… El miedo a salir a la calle. De la gente del común.

De todos. De estar atrás de un mostrador, en la atención de cualquier actividad y ser asesinado por una mísera caja del día. La canalla en moto que ve a cada mujer con una cartera o un bolso como presa fácil. Pasa en Montevideo. Pasa en el país. Se dice que razón primera del desmadre es la droga. Somos pocos. Tres millones y algo más de personas son un barrio de las ciudades grandes del mundo. La población de Montevideo y aledaños no pasa de un millón y medio de personas ¿No es posible adelantarse al delito, atacar las bocas de expendio de pasta base y cocaína, esas que la televisión nos muestra están señaladas por los traficantes con un par de zapatos deportivos en las hoy llamadas "zonas rojas"? ¿Cómo bandas organizadas, que portan armas de guerra con gran capacidad de destrucción pueden organizarse y atacar un coche de caudales cerca del Palacio Legislativo, balear a los custodios y provocar heridas de bala en transeúntes ajenos al hechos, llevándose un botín cuantioso, sin que haya una información y una inteligencia que puedan obstar al crimen antes de su ejecución?

Todo es parecido. La ausencia de política internacional. La apertura al mundo era y es impostergable. Los acuerdos arancelarios durante el régimen gobernante han sido nulos. El rechazo años atrás al TLC con los Estados Unidos, la mayor potencia mundial, dispuesto por el sector militante y chavista uruguayo ha significado perder de ganar cientos de millones de dólares (inversión, empleo, salario y tributos). Primero fue la Cancillería del inepto Gargano —"más y mejor Mercosur"— luego vino la gestión del presidente "más pobre del mundo", que al grito de que lo "político está por encima de lo jurídico" metió a la tiranía socialista venezolana en el acuerdo citado y nos ató a los populismos continentales. Una cueva de ineptos, fascistas, asesinos y ladrones que solo desconoce quien quiere.

Citar la corrupción rampante que existe en empresas estatales, el cierre de empresas privadas, la pérdida de puestos de trabajo, el ser actualmente el país que menos inversión extranjera recibió en América Latina; el acrecimiento exponencial de la deuda pública; la masa tributaria —electricidad y combustible incluidos— con el ninguneo al sector exportador y al agro. Y abreviando, el desconocimiento de la gravedad de la situación social en el interior del país, particularmente en los pueblos de la frontera con Brasil, es masoquista. Pero, también citar la realidad es una clarinada que debe considerar la oposición política. Afirmando diferencias pero sabiendo que la única esperanza nacional es un gobierno de coalición en el futuro inmediato. Si ello no ocurre entraremos en la hora más dramática, caótica y triste de nuestra historia.

En este escenario, el Frente Amplio ya publicitó responsablemente el rumbo de su gobierno para 2020-2025. Sintéticamente consiste en más impuestos (con patrimonio y herencia dentro), destruir a los que emprenden realizaciones, en otros aspectos muy relevantes como, por ejemplo, el "reconocimiento a las poblaciones indígenas, designando a Salsipuedes como sitio de la memoria de los pueblos originarios" además de "legislar sobre el derecho de autor generado por las cuerdas de tamboriles".

Y siga el baile, siga el baile...

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