Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

Un sentido perdido

  

El pasado sábado asistimos al Auditorio Nacional del Sodre -Dra. Adela Reta- para presenciar Carmina Burana. En castellano Cánticos de Bura -más estrictamente Canciones de Buerren- lugar de Alemania en el que tuvieron nacimiento en el siglo XIII. Refieren a sátiras, de raíz popular relatadas principalmente en latín antiguo, que tratan sobre un largo inventario de temas de la vida, el poder, la corrupción de la iglesia, la hipocresía, el sexo, el vino, etc., registradas por escrito y “milagrosamente” conservadas en conventos por siglos.

Más cercanamente, en 1803 fueron encontrados en poder de monjes benedictinos en una abadía quienes les habían guardado secularmente, y posteriormente llegando a tiempos cercanos, un genio alemán especializado en lenguas históricas, la música y la danza, Carlos Orff, hacia 1930, le dio forma a la obra que mencionamos que tiene vigencia planetaria hasta nuestros días.

En función del libreto concurren en la puesta en escena del espectáculo la orquesta, el coro y el cuerpo de baile del Sodre. Los que se manejan con una capacidad y armonización impresionantes. Más allá de la austera introducción aquí realizada, la impresión de lo presenciado, que permanece vivo en el recuerdo del espectador, merece citarse.

La nuestra es la palabra de un lego, sin criterio especializado en el tema. No obstante la rotunda reacción del público que en la oportunidad poblaba la casa del Sodre, con una larga ovación extendida por varios minutos al culminar la exhibición, expresa que la emoción vivida fue asunto generalizado. Todos los responsables del suceso desde los más encumbrados a los más humildes se ganaron por igual el estruendoso reconocimiento.

En el comentario de gente amiga asistente al evento inevitablemente surge en algún momento la evocación de Julio Bocca. Figura hoy auténticamente rioplatense -es ciudadano natural argentino y actualmente es también ciudadano legal uruguayo- de apabullante proyección mundial en todo lo referente a la danza, quien integrado a la dirección del Ballet Nacional del Sodre en 2010, promovió un cambio en el género que llevó a esta expresión artística por entonces alicaída a niveles absolutamente comparables, a las mejores realizaciones que se ven en los grandes escenarios del mundo. La experiencia de Carmina Burana actual bajo la responsabilidad de otras personas mantiene el noble sello.

Recientemente en una larga entrevista (El País, 25 de marzo de 2019) Bocca, siempre con respeto hacia lo nuestro ve a nuestro país estancado en muchos temas. Recordaré algunos: la seguridad (le robaron más de una vez), la desprolijidad y suciedad de las calles, los altos impuestos que no tienen contrapartida de resultados, la carestía, los paros cuando se precisa el gas o los refrescos, los de Adeom (se pregunta: ”¿no se solucionan los problemas?”) y abreviando respecto de lo suyo, como director, recuerda que poner límites o exigir a quien trabaja es necesario y no implica una dictadura. El ballet requiere disciplina, entrenamiento físico y capacidad de trabajar en equipo. Muchas de las posiciones de baile que se deben adoptar son forzadas y los artistas tienen tempranamente límite inevitable porque se producen lesiones irrecuperables.

El espectáculo notable que comentamos revela una línea de acción que se mantiene. Las expresiones de Bocca la nostalgia de un sentido que hemos perdido: el sentido común.

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