Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

El sastre y el zar

Al escribir esta columna el vecindario —rambla de Pocitos— y la prensa, dicen que Montevideo ha alcanzado el grado más alto de criminalidad de todos los tiempos.

Al tiempo que el reclamo de la campaña, el gobierno no lo entiende. Ofrece aspirinas. Busca dividir entre empleados y empresarios. Entre chicos, medianos y grandes. No es el tema. Y acomodos burocráticos y clientelismo al infinito suman a un generalizado desconcierto popular.

Un zar ruso tenía como mascota a un oso. Un día ordenó al sastre de la corte un uniforme de gala para una ceremonia especial. Al probárselo sintió que le quedaba desajustado al cuerpo. Indignado ordenó que colgaran al sastre. Rumbo al cadalso el sastre llegó a decir a viva voz, que dominaba un arte que haría hablar al amado oso del jefe. Enterado éste, pidió una explicación. El sastre le dijo que para ello necesitaba le dejasen trabajar durante tres meses con el animal. El zar le concedió los tres meses para hacer que el oso hablara. Si no lo lograba su destino sería el postergado cadalso.

Cuando agobiado, el sastre al llegar a casa contó a su señora lo ocurrido, ella le inquirió: —"¿Y ahora qué vas a hacer?" —"Y, en adelante pueden pasar tres cosas. Una es que se muera el zar, la otra que me muera yo, y la tercera, anda a saber: a lo mejor el oso habla" —respondió el marido.

El relato viene a colación ante el reclamo estructurado en "las 10 mochilas" inapelables, desarrolladas por el Ing. Agr. Eduardo Blasina en Santa Bernardina. Hay razones para el escepticismo. A la materia agropecuaria la monopolizan en el Frente Amplio los tupamaros. Léase: Ancap, ALUR, la regasificadora, el Fondes, etc. Su "pollo" era el licenciado Sendic. Quebró al ente petrolero. Causa no menor de las circunstancias que viven productores, otros empresarios y exportadores en la realidad nacional. El ministro de Economía y Finanzas es el Cr. Astori, padre del desastre de Pluna e inventor de los espacios fiscales y la multiplicación del endeudamiento externo, que ha liderado la orientación que hizo cenizas los beneficios de la era de bonanza inédita que se vivió en el auge de los precios de los commodities. Especialización: el fiscalazo permanente.

Voz tan inapelable como la de "las mochilas", la del economista Carlos Steneri, que al respecto ha dicho: "…nuestro modelo económico debe financiar un gasto público muy alto cuya contrapartida es una carga impositiva excesiva al sector privado y endeudamiento público creciente... En definitiva, discrimina contra las fuentes genuinas de crecimiento y la propia viabilidad del sistema… se trata de una malignidad de índole estructural que solo se resuelve con reformas estructurales y no con paliativos". Recuerda entonces el fracaso de la inserción internacional oficialista que "naufragó por oposición interna en sus propias filas", al igual que la educación en lo que en vez de negociar con la oposición, se prefirió una política de partido único. Agrega al respecto la necesidad de contener el gasto público y detener su crecimiento; topear la recaudación por medio del presupuesto de las empresas públicas por ley; bajar los impuestos a la renta empresarial como se viene haciendo en otros países; y modernizar las relaciones laborales eliminando regulaciones obsoletas (Ec. Steneri, Economía &Mercado, El País; 5/02/18).

Moraleja: al gobierno no le queda otra que la del sastre. Ganar tiempo. Y, las aspirinas.

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