Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

¿Cómo se sale?

Hay tiempos de vacas gordas y de vacas flacas. Los entendidos hablan de ciclos económicos, relacionados con la suerte de nuestra República.

Hay tiempos de vacas gordas y de vacas flacas. Los entendidos hablan de ciclos económicos, relacionados con la suerte de nuestra República.

Sobre el momento que estamos viviendo -fuera de las buenas ondas de algunos jerarcas oficialistas- existe una opinión extendida respecto a que hay demasiadas cosas que no están funcionando aceptablemente. Y que son consecuencia de decisiones gubernamentales.

Somos parte de quienes no creemos en el desborde de la intromisión del Estado en la vida ciudadana y menos aún en el acrecimiento exponencial de la burocracia pública, que no sólo supone un aumento de impuestos, gasto e ineficiencias, sino que además se proyecta a la efigie de un gigante monumental que todo entorpece con trámites y dilaciones para la acción constructiva de la gente. No puede olvidarse que llevamos más de diez años de gobierno frentista nacional, con mayorías parlamentarias que impulsan a la acción, y que todo lo relevante del país fue hecho antes. Hoy es difícil encontrar obras significativas de estas administraciones autocalificadas de progresistas, afirmación tangible, ante lo cual la respuesta suele ser la bondad de las “ceibalitas”. Cosa que está por verse, en un marco de una crisis sin par de la enseñanza pública, que es un barco a la deriva.

Respecto de la situación, lo primero son las relaciones internacionales. No vale la pena detenerse en las andanzas del “Pepe”, en el desquicio total de este tema, vinculándose, y de paso a todo el país, a impulsos de corazonadas personales a todo lo peor que a mano tenemos. Llámese “chavismo”, la Argentina “K” enemiga de nuestro país, en la que parece anda de gira electoral con el candidato oficialista a la Presidencia, o en las relaciones fraternales con Lula y Dilma, que marchan a los pechazos por los estrados judiciales y llevan a Brasil a un porvenir imprevisible. En el que los capitostes de la empresa privada, un reducido núcleo de poderosos mundiales, junto con personas del gobierno, han marchado a la cárcel. Y se viene desarrollando una caída moral, económica y social, que no tienen fin, y que comparten con las otras realidades citadas un espectáculo increíble de corrupción y traición apelando a sentimientos populistas que se llevan en la boca, pero no en el corazón. Ha habido en nuestro país esperanzas de un cambio nacional en el tema, al asumir nuevas autoridades en el Poder Ejecutivo. Sin embargo, una minoría de agitadores “ideológicos” y dinosáuricos, nos cierran el camino para integrarnos en acuerdos comerciales al universo y estamos cada día más pequeños y aislados, paralizados, por consignas en las que la ausencia de inteligencia, estrategia y cultura es manifiesta.

Por donde se mire, seguridad y educación pública, gestión escandalosamente deficitaria de los servicios descentralizados estatales, con la Ancap de Sendic a la cabeza, y proyectos faraónicos como el Antel Arena, vinculado a un gobierno que lleva gastados 2.000 millones de dólares de las reservas del Banco Central, para aguantar al dólar y tratar de parar a la inflación. Atada severamente al déficit de las finanzas del Estado central y a todos los costos que se deben encarar en combustible, energía eléctrica, relaciones laborales cada vez más rígidas, y un largo e inocultable etcétera.

En la conversación cotidiana, fuera de partidarismos, está instalada la pregunta: ¿Cómo y cuándo se sale de esto? Se mira a la oposición política y en verdad, hasta el momento, permanece la pregunta sin respuesta.

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