Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

El régimen agotado

Símiles deportivos abundan. Un boxeador comentaba: “En la pelea me fue fenómeno las pare todas con la cara”.

Las referencias vienen a colación porque un jerarca policial del máximo nivel comentaba días atrás que la gestión en materia de orden público del gobierno ha sido muy buena. Y, que lo que da mal son los números (hurtos, rapiñas, homicidios, etc.).

El crecimiento del dolo -los números en cuestión- durante el período “progresista” ha sido exponencial. El día en que por radio escuchaba la antecedente afirmación, en la prensa se informaba que en menos de 48 horas se habían producido en el país seis homicidios y que no había nadie detenido (20/09/19).

No me ilusiono con volver a la República que conocí años atrás cuando un homicidio -no exagero al decir un homicidio- era noticia estridente. Hay muchísimas razones para entender porque el delito nos ha desbordado, entre las cuales la ineficiencia de las políticas gubernamentales en la materia son indiscutibles y revistan en la primera línea.

Quienes conocen el tema -desde ópticas intelectuales diversas- reconocen que respecto de la Policía hay más personal, más armamento, mayor cantidad de vehículos, suba considerable de retribuciones para los empleados, y más. Pero, la estadística no miente. No se trata de la prensa amarilla ni de la mala fe de la derecha. Es una realidad cruda y dramática que sacude la realidad popular.

En lo cotidiano de la ocurrencia de crímenes a lo largo de estos años en todo el territorio nacional es enorme la lista de muertos, de mutilados, saqueados, heridos, de familias constituidas y núcleos familiares informales destrozados. Las terribles averías humanas y materiales que los medios nos exhiben vinculadas a conflictos bélicos que tienen curso en el mundo son proporcionalmente realidad viva en nuestro país. Y, vivimos una guerra, en la que la vanguardia imbatible, es la conclusión unánime de los compatriotas cercanos a la materia -jueces, fiscales, profesionales en seguridad pública- está constituida por una descomposición social grave, en la que echan raíces la droga y el narcotráfico.

La mayoría de los niños que nacen en el país, pertenecen a hogares pobres o indigentes, con bajo nivel cultural. La falta de contención de la sociedad y la ausencia del Estado es tangible. No significa que no se haya hecho gubernamentalmente nada, pero lo primero que se impulsó que es la asistencia económica y prestaciones primarias como la alimentación, son insuficientes. La deserción escolar, los alumnos que pasan primaria e ingresados al liceo no saben leer o sumar es abrumadora, son parte de una fábrica de uruguayos que viven sin esperanza y que solo hayan refugio en la delincuencia y la droga. Siendo ganados por una ausencia notoria del menor respeto por la vida ajena y por la propia.

En temas como éstos la actual administración nacional está agotada. Ante los riesgos de perder el poder reacciona profiriendo agravios infundados a los adversarios. Son crujidos del régimen que enseñan la República se está jugando sus libertades fundamentales. Cuando -incluso- no se escatima el uso de los medios de comunicación públicos y privados como propios, malversando el dinero de los contribuyentes. Al mejor estilo de los fascismos de izquierda y de derecha que la civilización libre ha conocido y conoce.

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