Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

La realidad manda

Para entender muchas cosas solo se precisa algo de sentido común.

Para entender muchas cosas solo se precisa algo de sentido común.

Tocaré algunos temas muy obvios, que permanecen ocultos a los ojos de nuestros hombres de las cavernas.

Un ejemplo claro de algo a decir. El anciano Fidel Castro que, en compañía del buenazo del venezolano Nicolás Maduro, ha celebrado un cumpleaños de más de cuarta edad. El tirano, dueño de vidas y haciendas en su isla, ha tenido muchos hijos. Salvo unos pocos que han trascendido, se mantiene secreto de Estado sobre la situación (entendámoslo: el barbado amigo la ha pasado bomba en su reino).

Su hijo predilecto es el bastante joven Antonio. Le gusta la ropa de marca europea, la bebida buena, las niñas bonitas, los autos y otras menudencias burguesas.

El béisbol (baseball) invento y deporte yanqui, tiene adeptos en países del Caribe, y entre ellos la isla castrista. En el pasado los buenos jugadores cubanos buscaban salir del presidio socialista para jugar profesionalmente en los Estados Unidos. Se los trataba de gusanos contrarrevolucionarios y se les prohibía jugar en la selección. Hace poco un jugador recibió una oferta para jugar en un equipo de Nueva York, afiliado a la Major League Baseball, con un contrato de decenas de millones de dólares. Naturalmente lo aceptó.

Antonio Castro Soto del Valle, que preside la liga de béisbol de Cuba, aplaudió la situación. Nada gusano, el profesional del contrato fue reconocido casi como héroe, con posibilidades de integrar la selección isleña y, dato no menor, invitándole con sus pares a invertir en la isla.

Es un caso del tiempo en que vivimos. El caribeño fracaso socialista busca por todos los medios integrarse al mundo y mejorar su relación con los “rubios del norte”. Y está presente en la naturaleza humana de quien quiere ser libre y buscar lo mejor para sí y los suyos. Sin agobiantes regulaciones como las que cada día están arruinando más y más a nuestro destino nacional.

En otro orden, hay que confirmar que para el mejor empleo y remuneración y abundantes cotizantes de la seguridad social, la única garantía confirmada es la inversión que pone en juego la ley de oferta y demanda. No hay reglas que sustituyan a la realidad. Lo hemos visto en la industria de la construcción, en cada “boom” hay pleno empleo y altos salarios en blanco. O, en profesiones de actualidad vinculadas a la electrónica y lo digital. Quienes las ejercen tienen mucha demanda ante escasa oferta, y pueden establecer las condiciones de trabajo que planteen.

Nuestros impuestos pesados y anárquicos, el tremendo agujero fiscal de más de 10 años de gobiernos frentistas, nos lleva en hora internacional de pálidas, a una crisis sin luz al final del túnel. Tarifazos y fiscalazos están a la orden.

A ello suma la dirigencia sindical, apolillada en la conducta. He escuchado reiteradamente de inversores de la construcción argentinos decir “no quiero más juicios laborales” o “no aguanto a los sindicalistas”, y siempre: “a Uruguay no vuelvo más”.

Para levantar vuelo se precisa patriotismo, responsabilidad, vocación de progreso y una buena dosis de sentido común.

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