Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

En el podio

Cuando una familia o un empresario cualquiera toma plata prestada debe hacerlo de forma que sus ingresos le permitan pagar el préstamo. De lo contrario les puede llegar la bandera de remate y verán cómo se pierde el auto, o la casa, o como se pierde absolutamente todo lo que se tiene. Con los países es distinto.

Si gastan más de lo que producen pueden pedir plata prestada siempre a partir de poner más impuestos que pagarán los ciudadanos, o emitir moneda. Los pueblos pasan a vivir peor. Los gobernantes no se enteran.

Cuando se pide plata prestada hay que actuar con el criterio de un buen padre de familia, viejo concepto jurídico que viene de la Roma antigua. Significa tener conciencia de las circunstancias y actuar con sentido común. Miremos lo sucedido con la familia Kirch-ner en Argentina, o con Lula da Silva, sus "travalhistas" y la flor y nata de la política y los empresarios privados de obra pública en Brasil, que han poblado las cárceles. Es notorio, destinaron voluminosos recursos de sus pueblos al beneficio individual de unos pocos. El agujero de las finanzas públicas se viene tapando con una sumisión a los prestamistas faraónica. En Uruguay, los acomodos de familiares y amigos, los negociados, los 70.000 empleados públicos más, a costa de los dineros fiscales, la limosna sin reivindicación social efectiva que se da a los más carenciados para comprar votos, y las malversaciones de Pluna, Ancap, ALUR, Fondes, etc., son cientos de millones de dólares que no se sabe adónde han ido a parar. Son escuelas que no se levantan, hospitales que no mejoran, empleados de la educación con retribuciones limitadas, etc., y a su vez la producción y la actividad exportadora expoliadas como nunca. Con un Estado cada día más deficitario. Para tapar el agujero también a nosotros nos endeudan más y más.

Los parlamentos, cimiento de la república, surgieron históricamente en Occidente para frenar los gastos de las monarquías. Para controlar los impuestos, la gestión gubernamental, y prever que los gastos presupuestales fuesen asignados a necesidades públicas. En nuestro país una regimentada mayoría absoluta en el parlamento, que vota cualquier cosa que le envíe el gobierno sin moral ni capacidad de discernimiento, ha hecho que estemos con la mayor presión tributaria de la historia nacional, y carencias en necesidades populares fenomenales.

Con los recursos que nos extraen se financia un fracaso demagógico sin realizaciones tangibles desde 2005 hasta hoy. Cuando se mira la gráfica de la deuda pública del estado uruguayo, fundamentalmente por el endeudamiento del gobierno nacional y el Banco Central, se ve un carrito en la subida de una montaña rusa. Año a año va subiendo. Hoy la deuda bruta del país se ubica en 40 mil millones de dólares. La deuda neta a su vez, que es la deuda bruta menos los activos de reserva (ahorros disponibles del Estado) se ubica en 28 mil millones de dólares (datos de E&M, El País, Bafico y Michelin).

En el 2016, la deuda bruta era de 23 mil millones de dólares o sea que prácticamente en dos años nuestro endeudamiento se ha duplicado junto con el crecimiento del déficit fiscal. Somos el país con mayor deuda pública per cápita de América Latina, US$ 7.455 por habitante. Y, en el continente tenemos la mayor deuda pública proporcionada a la riqueza nacional, un 60% del PBI (Ecos, Uruguay, 7/03/18). Apagá y vamos.

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