Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

¿Dónde está el piloto?

Hacia el cierre del año una sucesión de hechos son circunstancias imprevisibles para el diario vivir. Con consecuencias en la vida de le gente.

Aludiremos a algunas elegidas con criterio selectivo. En este país “de primera”, en el que se nos ha impuesto obligatoriamente el uso del plástico para arreglar las cuentas de nuestra existencia cotidiana, para controlar mejor nuestra vida íntima, y meternos obligatoriamente de cabeza en el sistema financiero internacional y vernáculo, los cajeros automáticos pasaron a ser instrumento útil y se extendieron por todas partes, especialmente en Montevideo. De pronto empezaron a explotar por acción de anónimos delincuentes que así se apropiaban de los fondos monetarios allí atesorados. Actualmente no están más los aparatos dañados y ante el riesgo por precaución ante posibles atentados con explosivos se han cerrado otra cantidad. Como los de las estaciones de servicio a mano por doquier. En los que queda reducida la oferta de cajeros hay que hacer cola. Y, muchos además, con frecuencia no tienen fondos. Trastorno colectivo que afecta el hacer cotidiano. Sin solución a la vista.

Recientemente, otro tema de impacto colectivo, fue el que por cinco días no se distribuyeran combustibles. La Unión de Transportistas de Combustible, es notorio que hizo un paro y parte del país, principalmente el sur, comenzando por Montevideo, ante la ausencia de distribución, quedó con los tanques de las estaciones vacíos. No se tomó previsión alguna para por ejemplo el traslado de enfermos, o el turismo, o el levantamiento de las cosechas, y todo aquel que saliese de su casa con cualquier destino y al que la cosa le tomó por sorpresa, fue rehén de la situación. La población quedó parcialmente presa y limitada en su libertad. Las estaciones cerraron y la respuesta a los usuarios era “no tenemos nafta, solo algo de gasoil”. Sin motivo aparente, quienes, la mayoría, estamos lejos del hecho que dio origen al citado problema padecimos una situación propia de una guerra. Las pérdidas para el país son incalculables. Aparentemente por temas de inseguridad en el trabajo, un accidente profesional que tuvo controvertidas versiones de parte de sus protagonistas, y otras razones, llevaron a esta situación. Ancap con patéticos antecedentes en la realidad económica nacional reciente, el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, el de Industria y Energía y algún otro sector con responsabilidad en el asunto, tarde piaron con una declaración de esencialidad, y la radical medida gremial se aplicó severamente ¿Cómo el gobierno nacional permitió se llegara a lo anterior y como se puede adoptar tan dura acción gremial, con perjuicio de toda la población, que en los hechos discutidos no tiene arte, ni parte? Una tardía esencialidad dispuesta por las autoridades no atenúa la conflictividad colectiva impuesta por cinco días a la ciudadanía. Falta de razonabilidad y de previsión plena.

Al cierre del 2018 la mano viene dura para Juan Pueblo. En el último año, la tasa relativa a personas activas, mayores de 14 años en condición de trabajar, que tienen trabajo o no lo tienen, cayó.

La de empleo, las personas activas que sí tienen trabajo, también. Y, la de los activos que buscan trabajo y no lo encuentran -tasa de desempleo- también cayó, lo que significa que se resignaron a no buscar empleo (“Situación del mercado de trabajo”, Javier de Haedo, E&M, El País (10/12/18).

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