Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

Patria y República

La tierra de Artigas juega su destino el domingo próximo. Ejerceremos el mandato. De “mi autoridad emana de vosotros y cesa ante vuestra presencia soberana”. En el bienestar o la dificultad por él se hizo la República Oriental del Uruguay.

Con mención arbitraria -quedan antepasados notables de dimensión infinita- en el país de Oribe y Rivera, Batlle y Ordóñez y Saravia, Herrera y Batlle Berres, Jorge Batlle y Wilson, nuestra República fue lo mejor en términos de desarrollo humano del sur del continente americano. En las buenas y las malas.

Del Cuareim al Plata y del Río Uruguay a la Laguna Merín ciudadanos y gauchos, a veces enfrentados en combates fratricidas, nos llevaron a ser en derechos humanos y libertades políticas adalides de una región continental plagada de cuartelazos y asonadas populares multiplicadas al infinito. Realidades alejadas de nuestra ancestral sociedad libre con paz cívica.

Frente a lo citado -que es irrefutable- mi generación hoy con el sol a la espalda supo de embates internacionalistas, apátridas y fascistas, de minorías que en el marco de sus estrategias deseaban apoderarse de la suerte del pueblo sin pasar por el dictado de las urnas.

Siempre se abrazaron al paredón soviético y la metralleta castrista, promoviendo el enfrentamiento por la vía de hecho entre uruguayos, en nombre de un destino socialista que solo esconde un anhelo oligárquico de apropiarse de nuestras familias, vida y haciendas, propósito tan claro como su incapacidad de realizaciones útiles. Su ética fue y es la máxima que reza que el fin justifica los medios. Son los creadores y dueños societarios de lo que se encubre bajo la marca y empresa denominada Frente Amplio. Es su disfraz. Y negocio.

El candidato presidencial al que basta escucharlo fracciones de segundo para advertir su incoherencia, gasta tiempo en tratar de quedar bien con todo el mundo. Pero los dueños verdaderos de la empresa que en apariencia encabeza son los que se abrazan con el sátrapa Nicolás Maduro, el de las manos llenas con la sangre que ha provocado la emigración histórica de cinco millones de venezolanos que peregrinan dramáticamente por el continente.

Y, hace unos días la peor banda de criminales que ha venido destruyendo sin piedad a nuestro país desde los años 60 del siglo pasado, hizo un acto por la pomposamente llamada “toma de Pando”, pila bautismal de un tiempo de crímenes, que fue origen de la caída de las instituciones y el ingreso de la dictadura. Esos -y no Martínez- son los que afirmados en una oligarquía burocrática y clientelismo político sin límites, constituyen el centro de decisiones del Frente Amplio. Padres de una república ahora casi destruida por la incapacidad, la corrupción, el despilfarro y la arbitrariedad, alejada del viejo Estado de Derecho.

En 1959 Luis Alberto de Herrera en palabras póstumas decía que advenía un tiempo nuevo en que la cosa no era más entre blancos y colorados, “sino entre los nacionales y aquellos que no lo son o porque no lo sienten o porque no les conviene”. A las fuerzas opositoras y sus líderes les recordamos -como ciudadanos del común- el concepto. Para que el lunes 28 de octubre con el mandato de la soberanía inapelable y esperanzadora, concreten una alianza consistente siguiendo el ejemplo de las mejores coaliciones políticas occidentales.

¡Viva la Patria! Y ¡Viva la República!

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