Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

Patota libre

José Gervasio Artigas: "Mi autoridad emana de vosotros y cesa ante vuestra presencia soberana". Los brotes de fascismo disfrazados de posturas "ideológicas", partidarias y sindicales, que entienden pueden llevarse en provecho propio a los uruguayos por delante son hijos de otra casta.

En nuestro suelo hay personas a las que la Constitución de la República y la legislación les importan un bledo. A algunos les vuela la bata.

Lo de las estaciones de servicio da para un récord Guinness. En primer lugar el sindicato metalúrgico que promueve cobrar salario sin trabajar, representa además a los empleados de las estaciones de servicio. Que de metalúrgicos no tienen ni las muelas. Los empleadores del sector deberían pedir el "desacople" de verdad, del grupo de agitadores ajeno (no un desacople a lo Astori). Así, los primeros mientras los dejen harán daño solo en el terreno a que pertenecen. Lo más notable, que ingresa directamente en el campo de los delitos contra la propiedad inmueble —la Fiscalía de Corte debería tomar cartas de pleno derecho en el tema— es que los cabecillas del metal con remeras rojas vienen ocupando el espacio físico de las estaciones de servicio sin justificación y lo hacen con gente que ni siquiera pertenece a los establecimientos afectados impidiendo la prestación de tareas ¿Qué raro derecho de huelga pueden invocar? ¿Qué autoridad tienen para hacer semejante atentado? (Cód. Penal, Título XIII, caps. V y VI sobre tutela de la propiedad inmueble; art. 13, lit. B), ley 19.483, Cometido y funcionamiento de la Fiscalía General de la Nación). En el mundo —Estados Unidos, Europa— el combustible es un autoservicio sin empleados. El cliente con su plástico llena el tanque y se va. Si se aplicara esta fácil receta en nuestro país se perderían 8.500 puestos de trabajo.

El periodista y escritor Andrés Oppenheimer, de notoriedad internacional, ha desarrollado varios trabajos que son el producto de investigaciones largas y esencialmente complejas, que sirven como aviso al navegante, señalando ha- cia dónde se encamina la realidad universal. La última obra, "¡Sálvese quien pueda!" (ed. Debate, 2018), escrita con la capacidad de comunicación que el periodismo exige, narra las actividades que vienen desapareciendo en el campo laboral merced a las revolución tecnológica permanente en que vivimos. Tendría que estar a mano de todos quienes son alcanzados por este mundo que parece fantasía de Julio Verne, con la diferencia de que no se basa en la imaginación sino en la cruda realidad. Y, más que ser un pronóstico del futuro es una prolongación del presente. Lo inteligente y constructivo sería con sindicatos verdaderos, se entablase un diálogo de largo aliento con empresarios y políticos, tratando de lograr un aterrizaje tranquilo, en vez de otro forzoso, frente al huracán de cambios imparable que ya está y el que se viene.

En la educación secundaria pública hay otra joyita, ADES, un sindicato de barrabravas montevideano, de sello soviético de cuño precolombino, tiene vinculación con 37 muchachos de "Ferrer i Guardia", rara expresión que alude a un agitador anarquista fusilado en Cataluña hace más de cien años. Este grupo por sí y ante sí, parece resuelto a imponer su criterio sobre el sistema de trabajo (fundamentalmente aulas y organización horaria), vinculado con un sindicato —Fenapes— que a nivel nacional tiene 11.000 afiliados. Amenazan con ocupaciones de centros de estudio.

Artigas ¡despierte!

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