Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

Paremos la mano

El tema que sigue parte de todos aquellos que mueven la vida económica del país, atrayendo inversiones y estimulando a la empresa y el trabajo nacional. Sus opiniones suelen no coincidir con la academia fundamentalmente de economistas, más dados a consentir las estrategias de las burocracias internacionales, que los intereses directos y tangibles del país. Siguen a tecnócratas, que suelen moverse más por designios “ideológicos” antes que la realidad. Lo que se habla con agentes directos de los negocios uruguayos, en la conversación cotidiana hace concluir que bajo un manto de hipocresía, se nos embarca como nación a la cola de países, gobiernos y corporaciones que son los campeones de la simulación económica y financiera. Y, dentro de esta situación cabe insertar en la primera líneas la información tributaria al gobierno “K” cuya corrupción y aversión por nuestra república es notoria y, la sustitución de la moneda por el plástico, tarjetas de crédito y débito incluyendo en ello la comp

El tema que sigue parte de todos aquellos que mueven la vida económica del país, atrayendo inversiones y estimulando a la empresa y el trabajo nacional. Sus opiniones suelen no coincidir con la academia fundamentalmente de economistas, más dados a consentir las estrategias de las burocracias internacionales, que los intereses directos y tangibles del país. Siguen a tecnócratas, que suelen moverse más por designios “ideológicos” antes que la realidad. Lo que se habla con agentes directos de los negocios uruguayos, en la conversación cotidiana hace concluir que bajo un manto de hipocresía, se nos embarca como nación a la cola de países, gobiernos y corporaciones que son los campeones de la simulación económica y financiera. Y, dentro de esta situación cabe insertar en la primera líneas la información tributaria al gobierno “K” cuya corrupción y aversión por nuestra república es notoria y, la sustitución de la moneda por el plástico, tarjetas de crédito y débito incluyendo en ello la compra de autos e inmuebles.

La finalidad del encarcelamiento plástico de la realidad nacional busca un solo fin: espiar a todos los ciudadanos uruguayos y extranjeros, personas físicas y jurídicas, en la totalidad de su vida económica cotidiana con el solo fin de apresarlos impositivamente.

El punto de partida parece respetable: todos moralmente debemos pagar impuestos para mantener al Estado y la sociedad. La realidad bien que la sabemos en el país, es que los gobiernos frentistas han desatado una presión tributaria nunca vista, han tenido una recaudación como nunca merced al momento económico internacional de los últimos años y, sin embargo la educación pública está maltrecha, en Montevideo no se puede andar por la calle, y, como contracara se han poblado las oficinas públicas con miles de nuevos funcionarios, se han subido los sueldos públicos, se han creado infinidad de cargos de confianza para el acomodo y raudamente Ancap —¡empresa petrolera!— como ayer los casinos montevideanos municipales da pérdidas, Antel en vez de a las telecomunicaciones se dedica inconstitucionalmente a hacer un circo de 50 millones de dólares, un dirigente sindical se adueña de Asse y promueve facturas de horas de trabajo y designaciones a pura prepotencia y acortando se viene a saber que prácticamente la mitad de los niños menores de 6 años, están sumidos en la pobreza (Universidad pública dixit) ¿Vale la pena aumentar la presión tributaria para tantos despropósitos?

Ahora vayamos a la realidad mundial. Dos islas Manhattan en Estados Unidos y la city de Londres, respectivamente, son los dos centros financieros que encabezan la red de paraísos fiscales que andan por el mundo. Más del 50% del comercio mundial pasa por tales lugares, con el propósito principal de eludir la tributación en Estados Unidos o Europa, o Rusia o China, o en donde sea. Lo mismo ocurre con la mitad de los activos bancarios, la tercera parte de las inversiones extranjeras directas y acortando un 85% de las actividades de los bancos internacionales y la emisión de bonos (la lista es más larga respecto al mundo extraterritorial —“off shore”— que promueven especialmente los países más ricos del planeta y sus empresas).

Salvo inversiones de multinacionales agraciadas con exoneraciones fiscales en nuestro territorio la venta de inmuebles se ha parado, Punta del Este no conoce de operaciones, hay oferta ociosa y, especialmente los argentinos, van rumbo a Paraguay y Miami, donde los tratan con cariñó sin asalto tributario. Hay que hacer algo.

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