Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

Nerviosa espera

Hay explicaciones varias sobre el principio del virus. Unos lo ubican en los mercados de alimentos chinos de origen animal. Los chinos se enojan a partir de la “tianxia”.

Una idea impuesta por el partido comunista que considera en China todo está bien siempre y que el mundo debe ser sometido a los dictados de Beijing (Infobae, 24/11/20). Escépticos líderes occidentales -Boris Johnson, Donald Trump, Jair Bolsonaro- que subestimaron al Covid-19 cayeron en sus garras y han sobrevivido para contarlo. No faltan explicaciones sofisticadas de la conspiración. Así, se da entrada en el juego al grupo Bilderberg, la Fundación Rockefeller, Facebook, Amazon, servicios de inteligencia prominentes, y a otras amenazas encubiertas aplicados a un proyecto de dominación planetaria (La verdad de la pandemia, Cristina Martínez Jiménez, 2020, Ed. Planeta).

Evidentemente el virus se expande con facilidad y puede tomar la forma de una gripe común o dar cuenta de la vida de millones de personas infectadas. Italia, España, Suecia, Rusia, Reino Unido, Estados Unidos, realidades con información abierta, revistan entre los países con mayores niveles de letalidad -muertes- por número de habitantes. Y, en esta cuenta es indiscutible que hasta ahora Uruguay mantiene una situación controlada. Merced a decisiones que ha debido tomar el gobierno nacional, con perjuicios económicos y sociales inevitables, y -por lo menos hasta hace un rato- también por decisión asumida por la mayoría de la población.

Hay remedios útiles en casos de menor gravedad. No obstante la vista universal está puesta en la llegada de “la vacuna”. Estarían próximas. No una sino varias. Dentro de un proceso de investigación históricamente muy veloz. Nuestro país integra el grupo Covax, fondo vinculado a la Organización Mundial de la Salud, integrado por 172 países, que según ha explicado el Ministro de Salud Pública Daniel Salinas, permite elegir entre un pool de vacunas. Se ha hecho reserva de 750.000 dosis. Revistan allí la de AstraZeneca y de la Universidad de Oxford (Reino Unido); la de Moderna (Estados Unidos); la de Pfizer y Biontech (Estados Unidos y Alemania); las de Sinopharm y Sinovac (China); y la Sputnik (Rusia).

Hay posibilidades de que cumplidos los requisitos de aprobación formal por órganos competentes, algunas se comiencen a aplicar masivamente hacia fines de este año. Obviamente en todos los casos se habla del loable propósito de la batalla contra el mal. Pero, no debe olvidarse que se está ante un monumental negocio, de lo que hablan las alzas de cotización de las acciones en bolsa, de los laboratorios que asoman como de promisorio y cercano resultado sanitario.

Algunas vacunas exigen cadena de frío para su conservación, lo que las hace más costosas y otras que no lo requieren son más baratas. Las vacunas elaboradas en estados que se rigen por un sistema de libertad y crítica abierta institucionales, generan mayor crédito que las de aquellos regidos por la autoridad no discutible del príncipe. No obstante, los resultados científicos serán los que manden.

En nuestro país el Ministerio de Salud Pública ha reafirmado la importancia en beneficio de la población de mantener la centralización de la política en la materia (atendiendo a que la mutualista Casmu hizo reserva por su iniciativa de la vacuna rusa Sputnik).

La posición ministerial merece acompañarse.

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