Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

La nación traicionada

Mientras el clima se lanza como un azote sobre la vida de amplios sectores de la población y se complica gravemente la producción agrícola y pecuaria, desde la triste tatucera de la Oficina del Pepe, OPP (viejo organismo de Planeamiento y Presupuesto) claman por ¡más impuestos! Es poca la energía vital extraída a la nación con monumentales gabelas para destruir la enseñanza, hacer del territorio nacional campo de orégano para el delito, designar 40 mil empleados públicos más durante esta década perdida de bonanza sin igual, con negociados liderados por Pluna y ausencia absoluta de obras públicas relevantes, como carreteras en una cartera cuyo icono es un coqueto "bulín".

Mientras el clima se lanza como un azote sobre la vida de amplios sectores de la población y se complica gravemente la producción agrícola y pecuaria, desde la triste tatucera de la Oficina del Pepe, OPP (viejo organismo de Planeamiento y Presupuesto) claman por ¡más impuestos! Es poca la energía vital extraída a la nación con monumentales gabelas para destruir la enseñanza, hacer del territorio nacional campo de orégano para el delito, designar 40 mil empleados públicos más durante esta década perdida de bonanza sin igual, con negociados liderados por Pluna y ausencia absoluta de obras públicas relevantes, como carreteras en una cartera cuyo icono es un coqueto "bulín".

Y en medio de este desorden, nuestra consistencia internacional e institucional elaborada por sucesivas generaciones patrias, ha permitido que la anarquía oficialista pase disimulada. Mientras tanto, frívolamente el presidente del Banco República -penalmente procesado por manejos de una supina irregularidad e ilicitud- y la presidenta de Antel, patrocinadora del fútbol, la vuelta ciclista, el Carnaval y cuanto se le ocurra en un despilfarro propagandístico sin precedentes, pretenden construir una nueva sede para el banco y que hagamos un circo gigante, cada uno de los cuales costaría a Juan Pueblo la módica suma de 50 millones de dólares. ¿Por qué los "tatuceros" no meten el diente allí y dejan tranquila a la producción, a la industria, al trabajo, verbos que no saben conjugar desde las placideces de la burocracia, y paran la mano con los jubilados a los que bajaron sus retiros y el consumo?

En una república en la que se acuerdan en secreto beneficios fiscales y prebendas a las hasta ayer vilipendiadas corporaciones multinacionales, al tiempo que se pega a las empresas mejores de la agropecuaria nacional, y en la que sin el visto bueno de las autoridades del medio ambiente se quiere entregar un pedazo de tierra de volumen impredecible para la minería a cielo abierto a una multinacional patrocinada desde el partido "socialista", lo que en lenguaje de nuestra "diplomacia", está podrido es nuestra política -¿"polítika"?- exterior. Transformada la carrera diplomática en un refugio de amigotes politiqueros a los que no se les exige ni que sepan hablar inglés, su concubinato con el Ministerio de Economía y Finanzas, léase Astori y Cía., ha sembrado en el país la destrucción de la inversión inmobiliaria extranjera y el fin para siempre de, entre otras cosas, Punta del Este como balneario de convocatoria internacional.

Bajo presión del corruptísimo gobierno argentino de los "K" y de la OCDE, en la que mandan países que controlan a los principales paraísos fiscales del mundo, el acuerdo de información financiera y tributaria firmado con los gobernantes argentinos, que cotidianamente declara ante juzgados penales, ha sido un suicidio para el país. No habrá ni ministro de turismo, ni emprendedores, ni inmobiliarios, ni eficientes restoranes, ni hoteles, etc., que puedan sobrevivir a la situación creada por el Frente Amplio. Con alegría la prensa argentina viene divulgando que a los argentinos para hacer transferencias a los bancos uruguayos por sumas de cinco mil dólares o más, deberán presentar certificados de estar al día en el pago de impuestos. Y que si se traen diez mil dólares o más, tienen que presentar a los bancos uruguayos certificado de Aduanas constatando traer dicha suma. ¡Adiós Uruguay! ¡Vivan Paraguay y Miami!

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