Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

Moro

Con el triunfo de Bolsonaro el Pit-Cnt dice que está "de luto". Suficiente para saber que no es tan mala la cosa como la pintan.

Los acontecimientos muestran cómo se posicionan ante ellos los personajes notables para aparecer políticamente correctos. Ganó el fascismo, la ultraderecha, el populismo, los reaccionarios, la oligarquía, el imperialismo y un largo etcétera, están en el menú del día de la casa. Quizás Brasil siga siendo Brasil. No es una conclusión apasionante pero probablemente sea la que se aproxima más a la verdad.

Río de Janeiro va a seguir siendo Río de Janeiro. Es algo seguro. La "cidade maravilhosa". La ayer capital del imperio lusitano, va a permanecer inamovible. El escenario carioca es indestructible así lluevan perros y gatos, o caigan rayos y truenos. Cerrado un carnaval el pueblo "café com leite" descansará un rato para pensar en el próximo carnaval, por la "rua Marques de Sapucai". El sambódromo. Brasil seguirá siendo "brasileiro" con Lula preso y Bolsonaro presidente.

El ganador de la contienda sabe lo que hace. Ha previsto dos visitas. Una a Estados Unidos y otra a Chile. El dato basta para saber que tiene ideas claras. No está en la agenda ir a visitar al "Pepe" a la chacra que nos ha dado patética fama. Monumento de la amoralidad y del "chanta" ilustrado.

En la década del setenta del pasado siglo el presidente estadounidense Nixon, representación de la potencia más grande e innovadora de todos los tiempos, dijo que "hacia donde vaya Brasil irá América Latina". El asunto es que no se ha sabido desde entonces hacia qué punto se dirige nuestro enorme vecino. Y, en lo que nos toca sabemos que el gobierno que tenemos va siempre en sentido contrario al de la dirección de las cosas. Un día al canciller alemán Bismark unos germanos inquietos le propusieron establecer algunas colonias en África. Bismark les agradeció la iniciativa y les dijo: "por ahora debo ser consciente de que estamos entre Rusia y Francia". El zafarrancho de la antipolítica internacional que rige nuestro destino iniciada con ¡Gargano canciller!, sigue firme. No hay conciencia sobre la importancia vital que merece reconocerse a nuestro vecino. Somos parte de la rosca delictiva del populismo castro-chavista-kirchnerista, que se expresa en las trágicas caravanas de venezolanos y centroamericanos que buscan un destino caminando por las ruta de Latinoamérica. Huyendo del hambre y la enfermedad. La realidad brasileña es real. El "jogo do bicho", una lotería clandestina en que se apuesta sobre animales, extendida por todo el país, nutre con sus recursos a las escolas do samba que dan lugar al espectáculo más grande del mundo. Y des-de la cárcel el "comando vermelho", dirige el crimen federal impunemente conformando una realidad no legislada, a la que integran también empresarios poderosos. ¿Cambiará la rara realidad con Bolsonaro?

Conocer Río de Janeiro es quererlo. El agua atlántica, el clima siempre de cálido a caluroso, las contradicciones. Los apartamentos fastuosos que se levantan frente a la playa, con el telón de fondo de los "morros" oscuros en los que se asientan multitudinarias favelas. El alma de las "garotas" de Ipanema de Vinicius está en el aire. Hay algo —sin embargo— que merece subrayarse y que es mensaje de otra cosa. El juez Sergio Moro. Metió "a cadeia" a empresarios poderosos, a políticos, y sindicalistas. Se anuncia tendrá un cargo de gobierno. "Canta e canta minha gente". "A vida pode mudar".

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