Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

El manicomio

El trío Vázquez, Mujica y siempre Astori, en 2004 recibió el gobierno con un cambio en los vientos internacionales, que dio al país una era de bonanza sin par en la historia, asentada en la producción agropecuaria, las agroindustrias, y el turismo como buques insignia.

¿Qué nos dejan ahora los casi 15 años corridos de "progresismo"?

La política internacional se ilustra con un avión sin cola. Tres millones y medio de seres humanos aislados en un mundo de 7000 millones de habitantes. El gobierno —última perla— leal a sus compromisos con el Foro de San Pablo y las lacras populistas que han destruido Latinoamérica, no ha tenido mejor idea que involucrarse directamente en las elecciones brasileñas. Como siempre caminando en el rumbo errado, desconociendo el respeto por la autodeterminación de los pueblos, y la relevancia que las relaciones con el enorme vecino tienen para nosotros.

La gente se hace preguntas: ¿adónde está el presidente? El de las frases célebres. "El tabaco es malo para la salud". "Que pague más el que tiene más" ( y su elíptico corolario, "¡los atorrantes unidos jamás serán vencidos!"). O la más reciente, repetida con aire de notabilidad: "El mundo es un manicomio gobernado por sus pacientes". Secundadas por las del ministro del interior. "Lo peor ya pasó" —dijo hace poco— y "pasamos" a la multiplicación de homicidios, rapiñas, voladuras de cajeros automáticos, asaltos a locales de cobros, batiendo registros internacionales y nacionales. Al genio de las finanzas de casa le llegan permanentemente loas de los centros financieros mundiales. Es su incondicional súbdito. Nos ha encarcelado con los impuestos más gravosos de la vida nacional y un sistema de espionaje de la vida privada sin precedentes, que encuentra su hito más alto en la bancarización obligatoria. Sus correligionarios vienen de menospreciarlo política y electoralmente. Como el resto del país hay que suponer no ve los logros del inventor de los "espacios fiscales" inexistentes, de una sociedad en la que los que ganan con certeza son quienes nos prestan. La deuda pública —duplicada en los dos últimos años— gravará a varias generaciones de uruguayos y, el aparato productivo, merced al atraso cambiario, los tributos lícitos y los inconstitucionales como las subas al infinito de las tarifas de electricidad y combustible, más el desquicio y el despilfarro de las aventura al estilo de Ancap y ALUR, la regasificadora, el Fondes, más todas las otras del "Pepe", etc,. han chupado la sangre del ser nacional.

En el marco de esta era nefasta de la que será muy difícil salir, hay triunfadores. La asociación comercial de sindicalistas del Pit-Cnt, empresa de demoliciones, goza de lucros infinitos. No solo les han dado patente de corso para hacer lo que se les canta, sino que les aseguraron pingües ingresos.

Se han instalado sus miembros en ministerios, subsecretarías, cargos de confianza, directorios de entes y "ainda mais". Y recaudan. Una referencia expresada en dólares: Federación de Funcionarios de Salud Pública, US$ 96.000 mensuales; Suinau (emplea-dos públicos); US$ 75.000 mensuales; AEBU (bancarios) US$ 5.185.000 anuales; Sunca (construcción) US$ 183.000 mensuales; y la central sindical —el Pit-Cnt— que no tiene personería jurídica US$ 91.200 mensuales. La FUS (salud privada) se negó a declarar (Revista "Noticias, Uruguay", 29 de setiembre 2018). Todo libre de impuestos. "¡Clink caja!".

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