Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

Madres (llegan)

El viento de cola ya pasó. Los datos no admiten vacilaciones. Caída de las exportaciones, baja de precios de todas las materias primas: arroz, trigo, soja, carne, etc., alta inflación y un ajuste económico en curso que claramente se proyecta al desempleo, sin que sea posible saber qué depara el futuro.

El viento de cola ya pasó. Los datos no admiten vacilaciones. Caída de las exportaciones, baja de precios de todas las materias primas: arroz, trigo, soja, carne, etc., alta inflación y un ajuste económico en curso que claramente se proyecta al desempleo, sin que sea posible saber qué depara el futuro.

El desastre que dejó la gestión presidencial del “Pepe” y su barra es de estatura olímpica. Agujeros en -por ejemplo- Pluna, más Alas “U”; UTE; Antel (con el ensueño de un tablado para murgas amigas de 50 millones de dólares de costo); Ancap; y para abreviar un déficit fiscal del 3,5% del producto bruto interno. Más un desorden de funcionamiento del Estado en todas sus manifestaciones acorde con la confusión biológica del personaje “nobelístico” y los suyos, que lo padecemos diariamente los que pagamos impuestos desde el más humilde ciudadano, hasta el más encumbrado. Sin aspirar a vivir de la ubre estatal.

Y se vienen las madres. Ley de presupuesto y negociaciones salariales.

Ante las circunstancias hay algo claro: los sindicalistas del Estado y a quienes dicen representar, no tienen problemas. Están atornillados en sus cargos. Los que ya están sufriendo lo peor son los empleados privados con amenazas de reducción de las plantillas de personal y de cierre de empresas. A lo que ha contribuido y contribuirá la acción abusiva de huelgas y ocupaciones de establecimientos y la farra del “desfondes” mujiquista, que cuenta con el respaldo más generoso de sus socios comunistas, todos parte de la más amplia conjura de los necios.

Hay que recordar que en los 10 años de frentismo se ha destruido la educación pública en particular por “¿profesores?” ¡no!, por agitadores sistemáticos e ideologizados, a los que lo que menos preocupa es la enseñanza; y que la seguridad a cargo del ministro Bonomi sigue con sus carencias. No la hay, ni en casas, ni en calles, ni en campos.

También que la primera presidencia del Dr. Tabaré Vázquez supo blindar a los agitadores sindicales con un sistema legal arbitrario y que el frentismo designó 60.000 empleados públicos más -pasaron a ser 300.000- todos los cuales, ya se aprestan al festival de huelgas y ocupaciones para terminar “cuereando” a la sociedad y a Juan Pueblo.

Las relaciones laborales en el Uruguay han sido desde que nos conocemos delirantes y, ha pasado el tiempo pero las actitudes de los profesionales del estruendo siguen siendo las mismas que las de hace casi 50 años atrás. Alentadas por una teoría jurídica enquistada en la Facultad de Derecho estatal, que disfraza como jurídicamente vigente, un concepto que es ideología pro-agitación pura y a la que llegada la ocurrencia de conflictos, se le hace prevalecer por sobre la ley y la Constitución, de forma reaccionaria y fascista, aún contra la voluntad de quienes no responden a las clarinadas del caos y tienen derecho inviolable a trabajar; y agrediendo sistemáticamente, el orden público y el derecho de propiedad.

La ley de presupuesto, que determinará los impuestos y los gastos e inversiones de la administración central por los próximos años, más la orientación que se dé a las políticas salariales en el futuro inmediato en el sector privado, en tiempos que se anuncian de dificultades, pautarán lo que nos espera. Se requiere patriotismo y responsabilidad. No se recibirán de los necios, sino -seguramente- de quienes el gobierno considera sus adversarios políticos.

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