Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

Jubilados a Siberia

Estudios sociológicos sobre “la distribución de la riqueza” o su “concentración” son pan de todos los días. Abundan en la autoría autocalificados socialistas, o progresistas, o izquierdistas, personajes retóricos de un igualitarismo que el mundo no conoció, ni conoce. Normalmente diletantes, históricamente sin registro de obra tangible alguna (praderas, carreteras, aeropuertos, etc.).

Estudios sociológicos sobre “la distribución de la riqueza” o su “concentración” son pan de todos los días. Abundan en la autoría autocalificados socialistas, o progresistas, o izquierdistas, personajes retóricos de un igualitarismo que el mundo no conoció, ni conoce. Normalmente diletantes, históricamente sin registro de obra tangible alguna (praderas, carreteras, aeropuertos, etc.).

La única igualdad natural en la vida es la del nacimiento, los azares y la muerte. En lo demás hay inteligencias distintas, voluntades, vocación de progreso, de esfuerzo, de capacidad de hacer, de creer en el esfuerzo propio... distintas. Un Estado eficiente puede hacer algo asegurando educación, vivienda, salud, pero abundan los que no tienen afán de superación y las doctrinas sociales que rezan que los que se esfuerzan deben ser castigados, quitándoles parte o todo de sus logros para que vivan de ellos una legión de individuos que están acostumbrados a vivir de los que hacen.

En una sociedad libre en la que los emprendedores tienen espacio abierto en la producción, las industrias, el comercio, los servicios, las profesiones liberales, la justicia está dada por la movilidad social.

Si se miran 50 años de la vida del país, se verá que de los que estaban en las alturas, son pocos los descendientes que mantienen posiciones. Otros ascienden, y quienes se destacan, el estatus social y la plata cambian permanentemente de gente.

El alimento del igualitarismo de boliche reside en que al Estado inoperante los “que tienen más deben aportar más” (como si fuesen ganadores de la lotería) y, también, en una manida “redistribución social de la riqueza” que quita a los realizadores para comprar votos de los inoperantes.

Fiel a esta línea espiritual de mediocridad, en la línea de fuego de los “privilegiados”, dentro del impuesto a los ingresos de Astori y sus tenedores de libros, amén del IRPF, se encuentra el pomposa y equívocamente denominado Impuesto de Asistencia a la Seguridad Social (IASS). Bajo su órbita han “marchado” con sus haberes y lo seguirán haciendo decenas de miles de jubilados (hoy son 155.141 vacunados). Se trata de quienes como activos más aportaron durante la vida entera a la seguridad social, por sus talentos, virtudes y esfuerzo, quienes -justicia obliga- tienen pasividades más altas, que ya fueron víctimas de una confiscación brutal de sus pasividades y contra los cuales el plato se repite.

Rebajar salarios es considerado por unanimidad como una injuria grave al trabajador, ¿qué decir entonces de la rebaja vía robo unilateral de las pasividades a personas en el final de sus vidas, bajo formas disfrazadas de impuestos?

Primero quiso ser el IRPF frentista declarado inconstitucional por la Suprema Corte de Justicia, fue sustituido entonces por el IASS ya aplicado y que es directamente una rebaja en las pasividades a partir de los $ 26.721 en adelante.

Ahora, por la vía de una nueva ley que analiza el Senado, promovida por el frenteamplismo y a entrar en vigencia el próximo mes de enero de 2017, el tridente Vázquez, Mujica, Astori, se repite y promueve una nueva quita vía el mencionado IASS a los mismos afectados de ayer aumentando el porcentaje de rebaja de las pasividades ya vigente.

Con la punga fiscal señalada esperan recaudar 25 millones de dólares más para tapar el agujero fiscal que el oficialismo se llevó a casa.

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