Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

Idiotez resiliente

La resiliencia es de cita actual frecuente y alude a las personas o realidades que resisten dificultades, les vencen y continúan su rumbo.

Hay quienes tropiezan con una piedra, y tropiezan otra vez con ella, y siguen tropezando. Tienen resistencia -¿resiliencia?- al cambio. Acá entra en juego la idiotez. Implica inevitablemente una alusión directa a libros que hicieron su andar y conservan vigencia en Latinoamérica y nuestro país (“Manual del idiota latinoamericano” y “El regreso del idiota”; Plinio Apuleyo Mendoza; Carlos Alberto Montaner y Álvaro Vargas Llosa). Lo de idiota ha de entenderse en su sentido literal y obvio: “persona poco inteligente o que molesta a alguien con lo que hace o con lo que dice”. Latinoamérica mayoritariamente y nuestro país, tienen abundantes ejemplos de resistencia a cambiar.

Más allá de las lides internas de los partidos políticos, la gente mira hoy al desenlace final que vendrá en el próximo octubre, cuando se definirá en comicios nacionales el futuro del país por cinco años. La entente oficialista tras quince años de gobierno es responsable absoluta de los desaciertos que padecemos. Error a corregir urgentemente ha sido la actual política internacional. Hay razones que explican por qué con un gobierno que ha contado con mayorías parlamentarias, nos hemos quedado en relaciones carnales con la Cuba castrista y la Venezuela chavista. Además de otros romances parecidos. Ejemplo: hace unos días el candidato a la presidencia del kirchnerismo argentino -Alberto Fernández- se acercó al valioso inmueble rural en que reside Pepe el sabio, en nuestro país, para cambiar ideas con el personaje, ya que -lloramos por ti Argentina- dice le tiene como referencia…

Importa recordar que junto a la idiotez inconmovible de varios -comunistas, Pit-Cnt, socialistas de Vivián Trías, tupamaros y Cía.- hay unos cuantos que hacen los 100 metros llanos en fracciones de segundo ¿Por qué estamos aislados del mundo? Perla del rosario. Rechazaron, bajo la égida del “canciller” Gargano -el de “más y mejor Mercosur”- la celebración de un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, que hubiese significado una multiplicación de nuestros ingresos anuales, asociados a la primera potencia mundial. Más cerca, no querían ratificar un Tratado de libre comercio con Chile que nos abre al Pacífico. Y, hoy, cuando la peste porcina que asuela a China, consumidora de proteínas animales fundamentalmente de origen porcino, instala posibilidades grandes de incremento de la exportación de carne vacuna y ovina, merced al ninguneo de la producción agropecuaria desplegado por el gobierno frenteamplista, ha caído el stock ganadero y lanar. Sin que a diferencia de nuestros competidores, Australia y Nueva Zelanda, vecinos del gigante asiático, tengamos acuerdos de aranceles con el citado importador.

Días atrás en Santo y Seña, programa de canal 4, Montecarlo, dirigido por el periodista Ignacio Álvarez, se informaba cómo las bastardas relaciones que tenemos con la tiranía chavista de Maduro se explican desde el comienzo del gobierno frentista en 2005, por los negocios de un hijo del presidente Vázquez y por los de amigos del expresidente Mujica. Celebrados con la corrupta cúpula militar que castiga a ese país a costa de la desgracia del pueblo venezolano. Se dijo, hay quienes tropiezan con la misma piedra, y… velocistas.

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