Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

¿Great again?

En Washington en reciente visita, repasando el trazado magnífico del "Distrito de Columbia", urbanización en que está instalado el gobierno federal de los Estados Unidos de América, la potencia más significativa de la historia de la humanidad, fui a contemplar el "Lincoln Memorial", enorme edifico encolumnado que ampara dentro una escultura acorde de Abraham Lincoln sentado.

Fue impulsor de la federación, victorioso defensor de la misma ante la vocación separatista del Sur esclavista, en cruenta guerra civil, y quien dispuso el fin de la esclavitud, todo lo que le costó la vida en un artero atentado. Inesperadamente, en la gran escalinata que conduce al monumento varios centenares de perso- nas jóvenes, promedialmente treintañeras, comenzaron a subir por la misma.

Eran mujeres y mayoritariamente hombres. Venían vestidos con ropas de aspecto y colorido propio de los uniformes de los marines que divulgan los medios y el cine. Portaban algunos estandartes y gritaban al unísono, agitando los brazos, cual "barra brava", el nombre del país (United States of America, cuyo acrónimo es USA, que fonéticamente con el coro sonaba "¡iú-es-éy!").

Acomodados en las instalaciones pusieron al frente una bandera de fondo amarillo con un soldado americano, en actitud de combate en un descampado que decía: "Dont fuck us" (literalmente "no nos jodan"), y una bandera en la que las estrellas habían sido sustituidas por el rostro de Donald Trump, que rezaba "America great again" (América grande de nuevo). Lo último ha sido grito de guerra caracterizado del actual presidente norteamericano que se encuentra en la antesala de una elección nacional parcial el próximo 6 de noviembre, que será gravitante en las posibilidades de su próxima reelección como presidente del país.

Esta elección de medio período incidirá sobre la integración del senado, la cámara de representantes y sobre la suerte de muchos gobernadores y legislativos estaduales.

Hay temas notorios en juego. Los demócratas ponen el acento en, por ejemplo, una política inmigratoria más considerada y el mantenimiento de iniciativas que vienen del gobierno del presidente Obama que tienden a un sistema de atención sanitaria generalizada entre la población, y los republicanos en la promoción de las industrias, y la rebaja de impuestos para estimular la inversión (lo que es parte de la "América grande" nuevamente). Hay una realidad, desde la gestión de Trump, en parte por la rebaja de los impuestos a la renta de las empresas, los Estados Unidos han crecido prácticamente un 4% anual, y han llegado a una situación de pleno empleo, ubicándose el desempleo en tan solo un 3,7% de la gente que busca trabajo.

Todos los analistas del país hacen público, se está ante un fenómeno nuevo y una división radicalizada entre buenos y malos, republicanos y demócratas en las que la intolerancia se hace presente en múltiples manifestaciones de la vida cotidiana. Trump con su estilo desinhibido y agresivo goza de cierta impunidad. Según encuestas su simpatía está próxima al 50% de los norteamericanos registrados para votar y su esposa, de porte impactante en reciente declaraciones a la cadena ABC de televisión, ha dicho se siente feliz en la Casa Blanca y que admira a su esposo, a quien no oculta algunas discrepancias políticas. El 54% de los norteamericanos le mira con simpatía. La serial promete capítulos atractivos.

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