Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

Los fondos pollos

Como lector impenitente uno deja para el repaso rápido pocas cosas. El Viejo Testamento con sus diez mandamientos que Dios dio a Moisés en el Sinaí; en el Nuevo, el Sermón de la Montaña y la parábola de los talentos; El Quijote todo; lo mismo Martín Fierro con acento en los consejos a los hijos que sorprendentemente muchos atribuyen a autoría distinta de Hernández; Zorrilla y su Leyenda Patria; el Tratado de Derecho Administrativo de Sayagués Lasso, actualizado por Daniel Hugo Martins; mucho de flamenco gitano y pintura; pocos pero clásicos de gastronomía de una colección grande que tenía mi madre, no personalmente para cocinar sino para imaginar y conocer culturas.

Como lector impenitente uno deja para el repaso rápido pocas cosas. El Viejo Testamento con sus diez mandamientos que Dios dio a Moisés en el Sinaí; en el Nuevo, el Sermón de la Montaña y la parábola de los talentos; El Quijote todo; lo mismo Martín Fierro con acento en los consejos a los hijos que sorprendentemente muchos atribuyen a autoría distinta de Hernández; Zorrilla y su Leyenda Patria; el Tratado de Derecho Administrativo de Sayagués Lasso, actualizado por Daniel Hugo Martins; mucho de flamenco gitano y pintura; pocos pero clásicos de gastronomía de una colección grande que tenía mi madre, no personalmente para cocinar sino para imaginar y conocer culturas.

Y, mucho de Partido Nacional que como decía Eduardo Víctor de Haedo es la Patria. Y, abreviando de Luis Alberto de Herrera, longevo caudillo popular, su escueta y brillante síntesis de pensamiento que hiciese años ha, poco antes de morir el Dr. Velázquez. En esta última referencia hay algunos conceptos matrices que como Velázquez sostiene se basan en una metafísica. “Las patrias son como los padres no se eligen”. “Los pueblos son un hogar de leños ardientes que conforman la tradición y la experiencia histórica”. La prevalencia de la observación por sobre las idealidades y la ficciones jacobinas y marxistas. La política como arte de lo posible y su respeto por la evolutiva tradición democrática anglo-sajona, madre de otras soluciones comenzando por la revolucionaria y sangrienta Ilustración francesa.

Herrera decía que había que tener en política exterior buenos amigos pero lejanos, y consciente por su consistente formación histórica del génesis y el ser nacional, sabía que para las naciones chicas el Derecho Internacional Público es sagrado: es defensa militante de la no intervención y la autodeterminación de los pueblos, relevantes hoy, cuando como nunca padecemos la trenza asfixiante de nuestros grandes vecinos. Todo ello en el contexto de una diplomacia improvisada, que camina a los bandazos, y que ha agravado nuestra dependencia a través de la ejecución de los mandatos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) burocracia hipócrita que defiende a los intereses de los países más poderosos, titulares de los más gigantescos paraísos fiscales que existen en el mundo. A partir de dos islas Manhattan (EEUU) y la city de Londres ( Inglaterra).

Y, en el otro extremo mantenemos relaciones carnales con oligarquías ineptas, violadoras de los derechos humanos y fracasadas, en cuya cúspide revistan la monarquía absoluta castrista y la “robolución” bolivariana de Chávez y Maduro. Más la obsecuencia a otro de los gobiernos más corruptos del mundo —según Transparencia Internacional— enemigo declarado del Uruguay, como el encabezado por Cristina “K”. Los países tienen intereses, no afinidades ideológicas. Y, si son chicos, las decisiones tienen que partir de su vocación de soberanía innegociable, sabiendo que lo cortés no quita lo valiente. El frentismo se ha encargado de caminar por el sendero errado.

Nuestra relación más concupiscentes es con Maduro y Venezuela. Según Transparencia Internacional, uno de los gobiernos más corruptos del mundo. Caso insólito de reducto petrolero quebrado, a partir de un saqueo oficialista creciente, que a nosotros no nos paga ni las exportaciones de pollo. Ideológicamente estamos bien. Muy bien. Y, hay que seguir mejor.

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