Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

Fascismo y democracia

El tramo que lleva a las elecciones internas de los partidos políticos del domingo 30 de junio se estremece con hechos que afectan su protagonismo. Hasta el gol de Cavani a Chile quedó minimizado.

Siendo selectivos, escogeremos dos. Uno es el reiterado ejercicio del más puro fascismo -entendido como querer imponer a otros arbitrariamente la voluntad propia- configurado por la tentativa de huelga general del Pit-Cnt. La organización de agitadores profesionales, titulares normalmente de licencia sindical paga, anunció que el martes se produciría el hecho. Y, como amenazan siempre con que no habrá transporte público en Montevideo la gente más humilde, que es la que lo utiliza, se quedó en casa. Perdió el jornal, o la consulta en el hospital, o la solución de cualquier otra necesidad básica, por una medida que nadie sabe a qué razón responde.

En un país con incremento incesante de delitos, incluidos rapiñas y homicidios, cuatro delincuentes de alto vuelo internacional, recluidos en San José y Yi, en espera de que se concrete su extradición, se fueron de la ¿cárcel? como perico por su casa. Entre ellos revista un capo de la mafia calabresa, en una materia relevante para el mismísimo gobierno italiano. El episodio hace casi un año se sabe había sido informado el Ministerio del Interior de su probable ocurrencia, advirtiéndole informes de inteligencia que estaba en juego una compra de custodios policiales por una cifra no menor de 80 mil dólares para que “il capo” Rocco Morabito pusiese los pies en polvorosa. Al cerrar esta columna no se sabe de la vida de los fugados. De cualquier forma el sainete ya ha sido tapa en la noticia mundial.

Pasando del fascismo y la mafia a la circunstancia democrática, se recordará que sobre las elecciones internas hay personas que no alcanzan a evaluar su relevancia. Hay que tener presente que elegir -entre otras cosas- a quienes serán candidatos de los partidos políticos para la presidencia de la república de cara a las elecciones nacionales de octubre, implica incidir en el destino del próximo gobierno nacional a regir desde marzo de 2020 por los siguientes cinco años.

Dejando a un lado a los húsares de Momo de la entente oficialista, los partidos opositores más importantes presentan puja relevante. En el Partido Colorado se ha destacado el crecimiento del Ec. Ernesto Talvi, persona particularmente capacitada a quien acompaña un sólido elenco de asesores, compitiendo con la experimentada propuesta del Dr. Julio María Sanguinetti. En el Partido Nacional parece consistente la posición mayoritaria de Luis Lacalle, con un programa renovador elaborado durante dos años por un equipo de 400 técnicos, así como la de otros protagonistas, caso de Jorge Larrañaga, progenitor de la campaña “Vivir sin miedo” y Enrique Antía, experimentado y eficiente gobernante del departamento de Maldonado.

El Dr. Lacalle particularmente ha sido blanco de canallescos ataques cibernéticos, al parecer elaborados por especialistas internacionales en campañas sucias pagos a tal fin. Sobre el tema, y una candidatura inesperada de ostentosa publicidad, plena de promesas inconsistentes, preferimos no opinar. Lo último parece regirse por una expresión de Groucho Marx: “Estos son mis principios. Si no te gustan, tengo otros”. La hora en que vivimos exige profesionalismo, trayectoria e integridad en las propuestas. Como decía Saravia: se trata de “dignidad arriba y regocijo abajo”. Es otra cosa.

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