Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

Ensilla el tordillo

El Partido Nacional ha ordenado la definición de las candidaturas a Presidente y Vicepresidente de la República y la armonización de su programa de gobierno.

Con ese panorama, el próximo sábado en el club Atenas, el de “las alas negras” de Palermo, se reunirá la convención nacional. Están citados sus 500 convencionales nacionales, habrá espacio para público, y se formalizarán en clamor de esperanza, las circunstancias mencionadas.

La fecha se corresponde con el 183 aniversario de la fundación de la colectividad bajo el mando del Brigadier Manuel Oribe, con la voz de orden “Defensores de las leyes”, continuada como “Nacionalidad, Independencia y Americanismo”. Según el investigador francés Maurice Duverger, el Partido Nacional revista entre los partidos políticos más antiguos de la historia universal.

Han pasado cosas insoslayables de cara a las próximas elecciones nacionales del mes de octubre próximo.

La realidad del Frente Amplio, no encarada por opinólogos “pata arrollada” -como diría Benito Nardone- es que presentan un candidato presidencial de utilería. Si expresa que el comunismo en Rusia fue un crimen contra la humanidad, o que en Venezuela hay una tiranía sanguinaria, le saltan sus correligionarios de nota y le dicen se tiene que callar la boca. En la romería del “socialismo” del presidenciable gobiernan “los radicales”, dirigidos por Daniel Olesker, un avión sin cola, primer candidato al Senado. Son quienes dictan las reglas. A su vez, la candidata a vicepresidente que eligió Daniel Martínez, que no terminó cuarto de liceo, resulta que: se adjudicó un título que no existía (sendiquismo puro); dijo que la cuestión es “entre oligarquía o pueblo”; promueve la expropiación -el saqueo sin retribución- de los inmuebles que tengan deudas fiscales, y dejó a la dirigente más votada en las pasadas internas Carolina Cosse, peinada y sin visita. De la más rancia estirpe bolivariana (los “moderados” del tablado, Astori y cía., han pinchado en la ruta). Y, “faccia bruta”, todos proclaman que hay que hacer esto y aquello, y la pregunta surge espontáneamente: ¿por qué no lo hicieron antes o lo hacen ahora, con las mayorías parlamentarias que aún disfrutan?

La oposición debe actuar con el criterio más amplio concebible. En este orden, muchos sentimos que Pedro Bordaberry no se postule para continuar en el Senado por respetables circunstancias partidarias internas. Su estilo, inteligente, fundamentado, honesto, valiente, es el que gusta a mucha gente sin fronteras partidarias. Al mismo tiempo, el Ec. Ernesto Talvi ha declarado que de ser electo no buscaría el respaldo de la columna de Cabildo Abierto, ni de la organización electoral que encabeza Edgardo Novick en un próximo gobierno. No es -nos parece a muchos- decisión sensata. La oposición no debe excluir a nadie y menos si tiene respaldo popular.

En la Convención del Partido Nacional del próximo sábado, confirmada la fórmula Luis Lacalle Pou-Beatriz Argimón, y aprobado un programa transformador, técnicamente consistente con metas realizables, se reafirmará la posición sustentada por el presidenciable de promover un gobierno con la más amplia base política posible, sin exclusiones, formando mayorías parlamentarias, a partir de que se cuenta con la experiencia política que ello requiere.

El sábado próximo queda ensillado el tordillo.

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