Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

Clase trabajadora

Todo el que produzca algo que satisfaga necesidades humanas es un trabajador, sea un músico o un novelista, un ganadero o un jugador de fútbol, un enfermero o un arquitecto. 

Algunos tienen derechos laborales, otros, que a su riesgo organizan capital y trabajo, solo tienen derecho a caer en la cuneta.

No conozco a nadie que haya leído los "ladrillos" de autoría de Carlos Marx (1918-1883), alemán, hijo de padres acomodados, mantenido por su camarada Federico Engels (1820-1895). Llevó una vida ruinosa, con hijos a los que no atendió, tres de los cuales fallecieron de bronquitis y tuberculosis. El segundo —Engels—era un "bon vivant" rico, divertido con divagar sobre el mundo y mantenía a Marx y su familia. Mientras escribía. Era burgués indeclinable, farrista y empresario textil, formado en el calvinismo, que vendió favorablemente su participación en la empresa familiar para transformarse en… próspero rentista. Se definía como socialista y comunista…

Hay ideas de los nombrados que han sido útiles en el desarrollo de las ciencias sociales, junto a las de otros muchos autores, lo peor es que han engendrado genocidios incomparables con ninguna tragedia similar de la humanidad. Alentando regímenes totalitarios, ausentes al tiempo de analizar históricamente el avance científico, tecnológico, artístico y social del ser humano. Nacido del progreso que parte del respeto por la libertad en todas sus expresiones, individuales y colectivas, y los derechos humanos. En buena parte de América Latina es inevitable el tema porque la vitalidad de la "ideología" marxista-populista, reducida a eslóganes para tontos, es parte de los desastres que conocemos en Cuba, Venezuela, Nicaragua, Brasil y Argentina, sus buques insignia.

Ayer hubo paro. Se anunció el paro de transporte en Montevideo, epicentro de la agitación, y la gente más humilde, trabajadores de a pie, sin auto, ni moto, y jubilados y pensionistas, perdieron unos jornales, y todos debieron recluirse en casa. Por necesidad. ¿Progresamos algo? El motivo de la aventura es el estancamiento de los consejos de salarios. Una negociación por rama de actividad que no existe en el mundo. No rige en Estados Unidos, ni en China, ni en Alemania, ni en Japón, ni en los países nórdicos, ni en Inglaterra, tampoco como le conocemos en América Latina. En el boxeo, las peleas se organizan según categorías basadas en el peso de los pugilistas. A nadie se le ocurriría que un pesado de 120 kilos enfrente a otro de 50 kilos. En la negociación salarial por rama de actividad —frigoríficos, comercios, transporte, etc.— distintos sectores y realidades empresariales son considerados como iguales. Sin atender a que hay empresas que están bien y otras mal, que hay unas endeudadas y otras sanas, que las hay reconvertidas tecnológicamente y otras retrasadas, etc.

La "lucha de clases" del Pit-Cnt, encabezada por el ministro Murro, ignora que estamos ingresando en una crisis grave. Según datos irrefutables, con acrecimiento exponencial del endeudamiento externo y cuentas del Estado en rojo, con caos en Argentina y Brasil, con aumento del seguro de paro y el desempleo, con caída de la demanda de trabajo, y múltiples realidades más que exigen razonabilidad. De lo contrario, en una situación de regulaciones laborales como la uruguaya, récord en el mundo y que desalienta los emprendimientos, veremos crecer sostenidamente la desocupación.

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