Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

Chavismo militante

Se habla de una grieta en el país. Nuestra República fue una isla en América Latina desde la afirmación de su Estado de Derecho y noble legislación social, aproximadamente a partir de comienzos del siglo XX, tras inevitables conflictos civiles sucedidos luego de la emancipación de España.

Ello nos hizo distintos de la desastrosa realidad que impera promedialmente en América Latina. Las ideas anarquistas primero (1870), y después las marxistas-leninistas, socialistas, comunistas prosoviéticas, y terroristas de mediados del siglo, jaquearon sostenidamente todos los valores de respeto de la convivencia y los derechos humanos de los demás. Nuestro rumbo cambió. Y, penosamente la pérdida de los valores que consagra el art. 7º de nuestra Constitución, nos hizo conocer un asalto terrorista de las instituciones que derivó a un gobierno de facto establecido por la clarinada del caos. Restablecida la democracia (1985) los embates de lo que hoy es un sector chavista mayoritario que decide en el Frente Amplio, avanzan en la destrucción del orden público, la educación y los dictados de la civilización, basada en el diálogo inteligente para resolver conflictos naturales en la vida social y en el ejercicio aceptado de las instituciones democráticas. Así es que estamos en la grieta.

¿Cómo no tenerla si antes que educar y orientar, se ha fomentado el odio entre los que peor viven y el resto de la sociedad, si los centros de estudio públicos siguen siendo barricadas del caos y el clamor de reclamos laborales aceptables pasa a ser simplemente ejercicio abusivo de los derechos sindicales que la Constitución consagra? ¿Cómo no tenerla si se practica el odio de clases; si hay quienes buscan circunstancias conflictivas, no para resolver las diferencias de género, de color de piel, del uso libre de la estupefacientes, y de cualquier otro tema, y lo que hacen es avivar el choque de grupos de distinta raíz, para alzarlos, sin respetar regla alguna, contra lo establecido? ¿Cómo puede concebirse que no haya grieta si en vez de curar heridas hay una masa de agitadores impenitentes que solo quieren agravarlas?

Cuando un "sindicalista" de primera línea del Pit-Cnt, principal sector político del frentismo, en ejercicio seguramente de "licencia gremial", fue a la Venezuela de Maduro, —gobierno liberticida y sanguinario que ha arrasado las libertades públicas y destruido económica y socialmente a ese país—, a decirle (¡caradura!) que llevaba, al tirano que tiene sucias las manos con la sangre de un pueblo indefenso, "el saludo del pueblo uruguayo". ¡Cómo no va a haber grieta, salvo que los uruguayos abandonemos definitivamente nuestras vocación humanista y republicana!

Así es que el Uruguay, con la triste compañía de unos pocos estados latinoamericanos insignificantes, es el único que universalmente no ha expresado con contundencia su repudio al despotismo chavista en curso. ¿Se precisan muchas más explicaciones para saber que hay entre nosotros quienes fomentan la grieta nacional entre la libertad de los republicanos y el atropello permanente de los fascistas disfrazados de socialismo?

Los abusos de las minorías organizadas están amparados: la administración nacional "progresista" instalada en 2005, ha poblado con cargos políticos toda la administración pública y semipública con "dirigentes" sindicales, amigos y parientes. La Nueva Burguesía. La de los impuestos y el acomodo. Y el crimen incontenible.

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