Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

Caretas sin careta

Muchos creemos en el "hogar nacional". Un agradecimiento por la tierra de promisión legada por los próceres patrios, abrigo de generaciones de inmigrantes portadores de distintos credos, razas, culturas y conductas llamados a convivir pacíficamente, gracias a la democracia política, económica y el anhelo de bienestar social que implica. Otros partiendo de la envidia, la lucha de clases, el internacionalismo autoritario, creen en ideas "revolucionarias", que afirman el fin justifica los medios. Lo primero mira a las sociedades de mejor resultado humano del mundo y es lo que aún hoy —sumidos en una crisis moral sin precedentes y otra económica y social en caída libre— explica que nuestra república siga siendo respetada en el caótico continente latinoamericano. La segunda abraza todas las experiencias humanas más execrables. Unión Soviética, Muro de Berlín, acuerdo entre Hitler y Stalin, el paredón de la monarquía castrista, y abreviando, sostiene adhesión sin tapujos —integra el Foro de San Pablo— a la tiranía venezolana, de la que 2.300.000 emigrantes, que recorren en famélica caravana a pie América Latina, habla sola.

El fascismo "progre" ilustra diariamente con ejemplos. Cuando el ataque intencional contra las Fuerzas Armadas recrudece vale recordar que siendo presidente del Uruguay el "Pepe" Mujica se mostró ante la prensa internacional disfrazado en Caracas con el uniforme del corrupto y genocida ejército venezolano. Felonía de gala. Más cercanamente el presidente del Frente Amplio en rueda de prensa en La Habana, en reunión del Foro, se deshizo en loas a la monarquía carcelera del empobrecido pueblo de Cuba. Y, en concordancia, un connotado representante del Pit-Cnt, en uso de sus licencias gremiales permanentes (y pagas) estrechó las ensangrentadas manos de Nicolás Maduro llevándole —¡caradura!— el "saludo del pueblo uruguayo". Todos suman a la cáfila cleptómana de los grandes empresarios de obra pública de Brasil y Lula; y al contubernio de saqueadores "K" argentinos.

En un reciente atraco contra una sede del Banco Itaú, en las inmediaciones del Palacio Legislativo, llevada adelante por unas diez personas que portaban armas de guerra, en la que hubo una balacera sangrienta contra guardias de valores privados y transeúntes civiles, uno de los delincuentes herido, fue apresado. Su padre es un destituido en el pasado como oficial del ejército, que fue procesado por tupamaro. Salió con la amnistía a los terroristas en 1985. Goza de un suculento retiro por la recomposición de su carre- ra militar, sin haber aportado nunca un peso de montepío (Trendsmap-Top 100 Tweets, 17/09/018; El Telégrafo, 18/09/18). El hecho ha generado comentarios probablemente infundados tales como: ¿la delincuencia terrorista sigue operando en democracia? El periodista Federico Leicht en un libro sobre Jorge Zabalza, registró su declaración respecto a que en 1994, en una asonada ante el Hospital Filtro para impedir la extradición a España de tres criminales de la ETA, la organización vasca les había pagado para que allí actuaran. Y, autor de otra obra objetiva, de cer-cana edición, "30 mitos de la historia reciente" (ed. De la Plaza, 2017), basándose en he- chos comprobados, recuerda que "la barra de Mujica, la pesada del Movimiento de Participación Popular (MPP), siempre está metida en temas oscuros, jodidos, ilegales" (Búsqueda, 28/09/17).

¿Cabe la duda?

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