Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

Cámpora presente

Comentaré solo lo relativo a la impunidad penal que seguramente conocerán en Argentina los autores de la gigantesca corrupción gubernamental “K”. Muchos de los cuales están entre rejas. Hecho que se pierde ante el atronador grito de desesperación social expresado recientemente en las urnas.

No es algo que nos contaron. Merced a la TV cable quien lo haya querido ver, lo vio con sus propios ojos. Millones de dólares volando por los muros de un convento; cientos de millones de dólares pagos a un constructor de obra pública que hacía caja para lo corona con obras que incluso no se habían iniciado; hoteles lujosos construidos por los Kirchner para justificar lavado de plata con ingresos pagos por ocupantes inexistentes; escritorios con máquinas especiales para contar innumerables fajos de billetes verdes provenientes del dolo; y abreviando las probadas coimas a los gobernantes K de otros muchos reputados empresarios a cambio de obras abonadas con sobreprecios. Todo es parte ineludible de la situación crítica de la economía y realidad social argentina de la que el gobierno de Macri no pudo salir y que ha explotado en las urna.

El general Juan Domingo Perón, controvertido y sin igual caudillo popular derrocado como presidente en 1955, vivió un exilio en Madrid, España. Desde allí estimulaba a la movilización rebelde a sus incondicionales del principio y a noveles sectores de juventud “revolucionarios”. Estos, junto a otras organizaciones terroristas actuaban impiadosamente en Argentina. En dictadura las cárceles se habían poblado de terroristas de diversas organizaciones, muchas de las cuales acarreaban sangrientas realizaciones y querían imponer en Argentina una solución política de corte castrista. En junio de 1973 se produjo el retorno de “el General” a la Argentina. Previamente se había procesado una solución electoral que llevó a Héctor Cámpora, designado por Perón, a la presidencia (mayo 1973). La única decisión que tomó Cámpora por voluntad personal fue abrir las puertas de las cárceles plenas de terroristas incurables y dejarlos indiscriminadamente libres en las calles.

En aquel entonces eran personas de amistad fluida con mis padres, Benito Llambí, persona del riñón de Perón, y su esposa, la querida uruguaya Beatriz Haedo, recientemente fallecida (Llambí fue posteriormente embajador argentino en Uruguay a partir de 1990). Cuando el viaje del retorno citado recuerdo decir a Llambí -testigo presente en los hechos- que en Madrid enterado de la liberación indiscriminada de los delincuentes terroristas, Perón fue ganado por un enorme enojo, patente en su semblante durante el viaje de regreso. Los hechos le justificarían. El aterrizaje del retorno se vio distorsionado por un acontecimiento que pasó a conocerse como la “Masacre de Ezeiza”. Un incidente multitudinario y a balazos dirimido entre la vieja guardia peronista y la juventud “revolucionaria”, par- te de la cual había liberado Cámpora.

Hoy, una parte del kirchnerismo encabezada por Máximo Kirchner, con ascendencia en la fórmula de Alberto Fernández y Cristina Fernández, significativamente se llama “La Cámpora”. Y, si no pasa un cambio de humor popular de difícil ocurrencia en los próximos comicios argentinos en octubre, se verá la reedición de la experiencia antes mencionada. Cárceles abiertas -esta vez- para quienes saquearon al pueblo argentino y cierre de sus causas. Y, un mensaje inapelable al mundo de que en Argentina el crimen no se castiga. Al contrario: se premia.

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