Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

Una de arena

Contra la mano de cal de la pandemia mundial y su drama sanitario recibimos una de arena. Agropecuaria y agroindustrias -más del 80% de nuestras exportaciones- conocen del alza de la demanda internacional de alimentos y de su precio. Una muletilla reza: “China compra todo”.

Atrás quedan 15 años de política exterior “ideológica”. La que -ley 19.344- nos llevó a condonarle a la tiranía castrista una deuda de Cuba con el pueblo uruguayo superior a los 50 millones de dólares. La que liquidó al Mercosur haciéndolo cueva política populista, integrando a la Venezuela bolivariana al compás de que “lo político está por encima de lo jurídico”. La que nos negó tener un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. La que llegó a obstar a la ratificación de la Alianza del Pacífico que ayuda a la extensión hacia esa área de nuestro comercio internacional, porque mentes brillantes del actual bando opositor consideraban era someternos “al imperialismo”. Ahora el Presidente de la República inequívocamente ha dicho que los estados no tienen amigos ni enemigos permanentes sino intereses permanentes. Asentando nuestra vocación de comerciar con todo el mundo guiados por el interés nacional.

Los estados nacionales conviven con empresas multinacionales. Estas representan dos tercios del comercio internacional y viven en todos los rubros de la realidad (minería, agricultura, industria, finanzas, tecnología, etc.). Muchas superan largamente al producto bruto de los países en los cuales operan e inevitablemente pueden tener influencia política. La confrontación principal está dada entre Estados Unidos y China y sus principales corporaciones.

Desde hace 40 años a esta parte -muerto Mao- el crecimiento de China ha sido imponente a impulsos de políticas de capitalismo privado. Cada vez más chinos se integran a la clase media, mejoran sus hábitos de consumo y agrandan la magnitud importadora del país. Hay realidades que dan proporción a las cosas. En términos de producto bruto interno -según datos del informe 2019, del FMI- su economía es la que sigue a la de Estados Unidos.

Si se divide el PBI entre la población, la renta per cápita de Estados Unidos le ubica en el lugar 7 mundial, en un núcleo que encabezan Luxemburgo, Suiza Irlanda y Noruega. A China la ubica en el lugar 66 entre aproximadamente 180 países. Inmediatamente después de Costa Rica, Seychelles y las Maldivas (Uruguay ocupa el lugar 60). Ello obedece a la distribución de la riqueza nacional de acuerdo con la cantidad de habitantes. La acumulación minoritaria en los sectores más ricos es porcentualmente parecida en ambos países. La clase media está considerablemente mucho más extendida en el norte de América que en China, y en los sectores de menores ingresos la población alcanzada es muy superior en el caso chino, lo que explica los datos citados y acerca al país a realidades del Tercer Mundo (“China as a Third World country”, “Geopolitical future”, George Fridman, April, 6, 2021).

Conclusión: el crecimiento chino y el aumento de poder adquisitivo de su población contribuyen a las exportaciones y bienestar de países como el nuestro. Un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos multiplica las posibilidades comerciales del Uruguay. Junto a los acuerdos de rebaja arancelarios son notoriamente temas en agenda del gobierno nacional.

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