Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

Apostolado del fracaso

Poco se ha hablado desde la caída del socialismo "real" en Rusia —la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas— y sus tiránicos regímenes subordinados y asentados especialmente en Europa, sobre las peores expresiones políticas, humanitarias, económicas y sociales.

Hoy hay realidades distintas, ya sea que se hable de Polonia, o de Hungría, o de la disuelta Yugoslavia, etc. En todos los casos, actualmente con expresiones de democracia liberal más o menos atenuadas, y con economías de impulso privado, de estructura diversa. Por ser la madre de todos los demás "socialismos" se aludirá a lo principal ocurrido en la tierra del actual zar Vladimir Putin.

Lo esencial del viejo sistema es sabido. Se construyó sobre millones de víctimas, el gobierno pertenecía a una oligarquía que vivía en la opulencia, encuadrada en el partido comunista; no había libertad, ni respeto de derecho humano alguno, y la economía en su totalidad estaba en manos del Estado. Es correcto decir que era un capitalismo de Estado. Con planificación que no se concretaba nunca y una ficticia eliminación del mercado, regulador de las economías libres.

Todas las experiencias de este tipo han tenido aspectos económicos comunes. La mala calidad de bienes y servicios es uno. La falta de competencia llevó a su vez, a la producción de baja calidad y la escasez. Por ello en última instancia lo que funcionaba era el "libre" mercado negro para comprar lo escaso. Casi todo, con precios descontrolados, dan-do lugar al surgimiento de capitalistas que trabajaban clandestinamente construyendo fortunas colosales. A la salida del comunismo se les ha conocido como las mafias, y los oligarcas.

Al ser todas las empresas estatales (como Ancap o Antel), los camaradas que estaban al frente de ellas también se enriquecieron y eran parte de la clase acomodada, antes mencionada. Así, tras largos y fallidos procesos para alcanzar una economía privada, fueron los mafiosos, los oligarcas y camaradas "socialistas", con empresas estatales a su cargo que tenían capacidad económica, quienes en una suerte de remate, se quedaron con las mismas, tras ser extendidamente privatizadas y vendidas. Tienen riqueza propia infinita.

Otro aspecto común a los "socialismos" ha sido que todos quienes trabajaban subordinadamente eran empleados públicos sin incentivos, ni buena paga. Con servicios de educación y salud supuestamente cubiertos, pero que para el general de las personas eran de mala calidad con contadas excepciones (por ej. los trenes metropolitanos subterráneos). Su sumisión económica como en Cuba o Venezuela actualmente, era condición ineludible que servía a la clase dominante para mantener a la población siempre bajo la pata del estado. Con el fusil en la nuca.

El escuchar a inmigrantes cubanos y venezolanos llegados a nuestro país, huyendo en dolorida multitud de sus países y sus gobiernos y oír cómo se vive en ellos, nos recrea el recuerdo de la experiencia mencionada. Es un "déjà vu". Con plena conciencia de que el quid de los grupos que dominan el Frente Amplio es hacer de nuestro país una Cuba o una Venezuela (socialistas, comunistas y tupamaros). Es patético a la vez, saber que los inmigrantes deben ser prudentes al expresarse para evitar represalias contra la familia que han dejado atrás.

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