Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

América mártir

En nuestra primera juventud -mediados de la década del 1960- participamos ingenuamente de una actitud que soñaba con pueblos heterogéneos que al amparo de sus pabellones y costumbres pegaban en América Latina un grito de soberanía.

Para vencer en una segunda independencia a las potencias que dominaban al mundo. “Ni la sovietización de las patrias americanas, ni una estrella más de una bandera imperialista” -expresión de Luis Alberto de Herrera- era cimiento de tal sentir. Pasado el tiempo, con las manos rotas de tanto pegar en la realidad, otro gallo canta. El mundo es otro, nuestra identidad republicana uruguaya con la realidad de la mayoría de los pueblos latinoamericanos es inexistente más allá de la geografía y el idioma. Por ello, la reciente decisión del Presidente Lacalle Pou y el gobierno nacional buscando un camino internacional sin el ancla del Mercosur -experiencia irrefutable de frustrada integración regional- abre al país a nuevas y esperanzadoras posibilidades económicas y comerciales.

En aquella orientación el liberalismo nacional tenía claro que algo definitivamente indeseable era ceder espacio a la tiranía y el totalitarismo. Abatido el nazismo sobrevivía ayer el comunismo promovido por el desaparecido Kremlin ruso, que con la excusa de liberar al proletariado universal, ubicaba caballos de Troya en los países en los que encontraba vasallos útiles a través de los partidos comunistas locales. A cambio de concederle sustento económico el fallido intento imperial ruso estableció una colonia en la Cuba de Fidel Castro. Y, desde allí se expandieron células terroristas por América Latina, que ocasionaron daños severos que castigaron y castigan a muchos países incluido el nuestro. El internacionalismo liberticida responde ahora al Foro de San Pablo al que pertenece el actual Frente Amplio que ya no cuenta en su dirigencia con presencias moderadas. Es actualmente una organización dirigida directamente a dividir y enfrentar al pueblo uruguayo. Aún en medio de la brutal pandemia que nos amenaza.

La oligarquía policial dueña de la isla de Cuba, vivió subsidiada primero por la Rusia soviética y luego por la Venezuela de Chávez. Hasta que los bolivarianos fundieron a su industria petrolera y se robaron al país. Hoy ambas son sociedades destruidas. Tres millones de cubanos y casi seis millones de venezolanos emigrantes por el planeta, son testimonio de un drama hijo de una represión brutal, tortura, prisión arbitraria y homicidios alevosos. En el caso de Venezuela el tema está a consideración actualmente de la Corte Penal Internacional de La Haya.

Las visitas personales y mimos de Tabaré Vázquez, el Pepe Mujica, el senador Bergara, la barra “pitcenetiana” de los Abdala y Andrade, con sus “dirigentes” de la educación pública posando impúdicamente con afiche de íconos castristas, la iracunda barra tupamara, y ainda mais, han públicamente exhibido tantos besos y abrazos con los capitostes de esta tragedia universal que exime de la búsqueda de mayor cantidad de pruebas.

Hoy, las tiranías cubana, nicaragüense y venezolana tras destruir moral, física, económica y socialmente por años a sus pueblos despliegan ante los ojos del mundo, una terrible represión contra personas humildes que piden alimentos, comida, atención sanitaria, luz, agua, papel higiénico y especialmente: Patria y Vida, y Libertad. Ante los hechos el pueblo de Artigas sabe sin vacilar de qué lado está.

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