Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

Amanecer sin poniente

Cuando el candidato presidencial Daniel Martínez se queja porque se critican sus acciones y dichos, tiene que advertir que no es producto de una aversión personal, sino que otros ciudadanos, seguramente la mayoría de la ciudadanía, rechazamos sus ideas y el hacer cívico del gobierno nacional que agoniza, tras 15 años de ser gestionado por el Frente Amplio.

Una organización cuyos dueños -los Olesker, Andrade, Cosse, Mujica, Astori y otros- están en las antípodas de lo que creemos bueno para nuestro pueblo y descendientes.

Por estos días se recibió la impertinente visita del electo presidente de la República Argentina, Alberto Fernández. Es confuso si se invitó solo o lo invitaron. Lo cierto es que en el edificio de nuestra presidencia, al amparo del escudo nacional, el porteño implícitamente dijo había que votar a nuestro maravilloso candidato oficialista.

El ahijado de Cristina Kirch-ner -dama perteneciente a una estirpe que a los uruguayos solo nos ha hecho daño- se metió así en una lid cívica que le es ajena. Se obviarán otras consideraciones, pero, a Fernández, Vázquez y Martínez (con quien el visitante terminó cortando asado y presenciando el enojo del candidato oficialista ante las preguntas del periodismo), es bueno recordarles que desde los tiempos de José Gervasio Artigas, nada hemos querido saber del centralismo porteño y que nuestra historia enseña que no quisimos ser ni españoles, ni portugueses, ni brasileños, ni ingleses, ni argentinos, sino lisa y llanamente orientales y siempre uruguayos desde cualquier ángulo desde el que se nos mire. Debiendo recordársele como decía Martín Fierro que: “cada lechón en su teta es la forma de mamar”.

Este asunto hace a la chapucera política exterior del régimen gobernante, envuelta en negocios personales y simpatías políticas con fallidos y narcoautoritarios regímenes que vienen depredando la América del Sur.

Aislándonos de la celebración de acuerdos de libre comercio y aranceles con el mundo por razones “ideológicas”. Inquietud central en la materia de la coalición multicolor por el cambio. (Al tiempo en que el sindicalista Marcelo Abdala ha sido filmado arengando a viva voz, al “rompantodo” en una barricada en Chile, su camarada Andrade estaba de congreso en el campo de concentración que rige la monarquía comunista de los Castro en Cuba y el “canciller” Nin, leal al Foro de San Pablo, se reunía en México con el presidente López Obrador, en gesto solidario con Evo Morales, autor de un fraude electoral solo comparable en volumen con la producción de coca con destino descontrolado que ha sabido multiplicar en Bolivia).

La ideología del socialismo del siglo XXI prevalente en el oficialismo se da cuando el Parlamento Europeo ha decidido equiparar al nazismo con el comunismo, afirmando que la Unión Europea tiene la responsabilidad de “promover y proteger la democracia, el respeto de los derechos humanos y el Estado de Derecho”. Dentro y fuera de la Unión.

Finalmente -cita ineludible- el candidato oficialista “dixit” que el programa de gobierno del FA no se hizo para ser aplicado. Son propuestas que de ser presidente Martínez aplicará como tenga ganas. En discrepancia la coalición que acompaña la fórmula Lacalle-Argimón, ante el pueblo ha hecho de su programa un compromiso de conducta.

Sin bajar los brazos, confiemos el 25 de noviembre próximo vea el amanecer nacional de un día luminoso sin ocaso.

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