Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

Adiós nostalgia

Siento agradecimiento permanente y memoria para quienes con sus realizaciones escritas, televisadas, teatrales, cinematrográficas, etc., nos dan un rato divertido y nos hacen reír. Los años sumados agregan referencias en la memoria.

Siento agradecimiento permanente y memoria para quienes con sus realizaciones escritas, televisadas, teatrales, cinematrográficas, etc., nos dan un rato divertido y nos hacen reír. Los años sumados agregan referencias en la memoria.

Una de tantas, es Carlos -“Carlitos”- Perciavalle. Asistí a sus actuaciones en sus lejanos orígenes -“La mota agitada”- en la temporada de Punta del Este, primero solo y luego con un joven Antonio Gasalla, y conozco su humor dotado de sabia y punzante inteligencia. Ahora, con motivo de una actuación en Montevideo, expresó un concepto que repito, porque explica sintéticamente una realidad viva del tiempo actual. Interrogado por un periodista sobre si repetiría en la actuación personajes de sus antiguos éxitos, dijo que son producto del Uruguay de otra época. Dirigidos a un público culto, con alusiones a temas de los que la juventud actual no tiene la menor idea. Y, que “este es el mundo que estamos viviendo, y no conviene ser demasiado nostálgico. Porque la nostalgia ya no es lo que era. Lo que cuenta es el presente, vivir el día de hoy” (El País, 16/03/2015, reportaje de Carlos Reyes).

El concepto es universal. Con osadía lo aplicaremos a las ideas políticas y a nuestro país.

En nuestra juventud, hacia mediados de los complicados y caóticos años 60 del siglo pasado, nos movíamos a impulsos del nacionalismo uruguayo. Esencialmente demócrata y republicano, con vocación americanista, afirmación de los derechos humanos y Poder Judicial independiente, entre otras consideraciones. Dictadas a partir de sentir que el estado-nacional es una casa grande, que recibe a todos los que quieren vivir libremente en ella, vengan de donde vengan y que deben buscarse siempre las decisiones de gobierno que favorezcan su integridad y desarrollo.

La expresión de Luis Alberto de Herrera “ni la sovietización de las patrias americanas, ni una estrella más de una bandera imperialista” era punto de partida, y un congreso nacional juvenil se desarrolló en la casa del Partido (1968) bajo la consigna de José Ingenieros: “Juventud sin rebeldía es servilismo precoz”. El revisionismo histórico rioplatense estaba a la orden del día. El ensueño artiguista, rioplatense y federal, al que en los orígenes sumaron Juan Manuel de Rosas y los blancos de Manuel Oribe, se sentía con vocación de porvenir.

Desde aquellos mojones históricos a hoy, lo rioplatense y el americanismo, desde los ojos orientales nos han dado suficientes motivos de escepticismo y decepción. El Sur continental padece de gobiernos con vocación autoritaria, crímenes insoslayables, incapacidad y corrupción rampante que bajo el llamado al socialismo engendra el saqueo y la “cleptocracia” que lleva la riqueza nacional a cuentas bancarias en lejanos paraísos fiscales. El Mercosur es un fracaso. ¿Qué decir de los gobiernos K”, la Petrobras de Lula y Rousseff, de Chávez y Maduro, de Correa y Morales, cuando hasta a la presidenta chilena le aparece el negociado de un hijo, concretado a la sombra de su distinguida madre?

Hoy, sentimos fuertemente la expresión del poeta Musset, “Mi copa es pequeña, pero yo bebo de mi copa”. Relaciones internacionales con discurso abierto, reserva de gabinete, profesionalidad y defensa del más egoísta y radical interés nacional, son mandato.

Sin nostalgias.

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