Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

¿No va más?

Conocimos en Japón una regla salarial que leímos, tiene símil en Noruega.

En un establecimiento laboral en la escala de sueldos entre el empleado de máxima y el de mínima jerarquía, la diferencia no puede ser superior a cuatro veces la retribución del cargo ubicado en la base inferior.

Japón, monarquía parlamentaria, sorprende por todo. Sin riqueza natural, ni territorio útil para vivir, con más de 120 millones de habitantes en una extensión de tierra que es el doble de la uruguaya y en la que el 70% son piedra y montaña. Con terremotos, huracanes y tifones, potencialmente ocurrentes en cualquier momento y devastado en la Segunda Guerra Mundial, al rendirse tras ser atacado con bombas atómicas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki, se mantiene como cuarta potencia económica mundial con vanguardia en sectores como la industria automotriz, la electrónica y la robótica. Los japoneses tienen alimentación, vivienda, educación y salud cubiertas, viven austeramente, incluso los más ricos y la familia imperial. En el campo laboral en cada empresa de porte —no hay sindicatos, ni empresas del estado— hay un diálogo institucional constructivo entre jerarcas y subordinados. Tomaron ejemplo de Occidente en muchas cosas. Sus cimientos culturales vienen del fondo de la historia.

La cita vale cuando en nuestro país hay una inquietud crítica generalizada en relación con los acomodos en el Estado, incluyendo sus "empresas públicas". Por los sueldos principescos, gastos en autos oficiales y viajes. Y en esto no se incluye a los entes paraestatales o a la salud que ha pasado a ser una gigantesca proyección política estatal. El último balance que se conoce arrojó un déficit de más de 430 millones de dólares, pagos con impuestos. Hay paño para cortar.

Antes había respeto por el sistema de ascensos. Con las cesantías dispuestas sin causa conocida durante el gobierno de facto hubo un quiebre. Ahora con 70.000 empleados más agregados a la plantilla estatal, se multiplicaron los cargos de confianza y similares exceptuados de la carrera administrativa. Prima la cercanía con la jerarquía. La carrera es irrelevante. Y florece un sentido crítico que debería llevar a un cambio de actitud nacional del gobierno en el tema. Los privilegios en sueldo, condición de trabajo y demás, irritan a la ciudadanía. Se agrava cuando amplios sectores de la república atraviesan problemas de sobrevivencia que se les desconocen.

Vale para el Estado todo. Incluidos los departamentos. Hay referencias ilustrativas. El presidente viene lidiando con el puesto de su consuegro que le acompaña aparentemente, beneficiado con una canonjía y el canciller designó a una veterinaria, hija del Director de Secretaría de Comunicación de la Presidencia, José Luis Veiga, con cargo diplomático de confianza como "ministro". La escuela de Mujica es cátedra. En su gobierno autorizó a los ministros a nombrar a dos empleados como asistentes a dedo, lo que permitió al Ministro de Economía y Finanzas designar en tal cargo a su actual pareja. Y creó inéditos cargos de "embajadores itinerantes", lo que permitió a algunos amigos personales, sin trayectoria diplomática, realizar costosos viajes por el mundo.

Ahora para corregir en este aspecto a la salud pública, han designado a Marcos Carámbula, quien en su paso por la Intendencia de Canelones hizo del nepotismo y el amiguismo realidad estelar.

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