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Renovación

JUAN MARTIN POSADAS

El trabajo de los intelectuales no es tan en el aire como parece. Lo que sigue puede sonar teórico pero antes de terminar su lectura muchas inferencias prácticas quedarán claras para el lector atento.

Según cierta escuela de sociología, una de las características de buen funcionamiento de una sociedad o de una república radica en la rotación de los liderazgos. Cuando los liderazgos se instalan, cuando logran apropiarse a perpetuidad de los lugares de influencia, la calidad democrática y la aptitud para el progreso de la sociedad en cuestión disminuye.

La renovación de los liderazgos supone un esquema institucional que no sólo prevé sino que hace obligatorio, periódicamente, que esos liderazgos se tengan que poner en juego o en disputa abierta y formal. La filosofía que está detrás del rechazo a las reelecciones se apoya en la convicción, sumada a la experiencia acumulada, de que la rotación de los partidos en el gobierno y la rotación del poder dentro de los partidos es saludable.

Ofenden este principio, por ejemplo, las provincias de la Argentina que han reformado sus constituciones para institucionalizar la posibilidad de que los gobernadores puedan ser reelectos, no una o dos veces sino para siempre. La práctica vigente en la generalidad de los gremios uruguayos, más allá de lo que digan sus estatutos, ha legitimado que los dirigentes sindicales no se renueven y permanezcan en sus cargos muchísimo tiempo, neutralizando la puesta en juego de sus posiciones. No así en las gremiales empresariales, que rotan constantemente de dirigentes.

Los liderazgos políticos se ponen en juego en nuestro país cada cinco años en lo que tiene que ver con cargos de gobierno o representación parlamentaria. Eso conlleva una renovación importante. Pero no ocurre lo mismo en lo que refiere a los liderazgos internos partidarios. En los partidos que tienen elecciones internas auténticas los liderazgos se ponen en juego y la renovación tiene efectivamente lugar. El Partido Nacional es quien ha encarado esta práctica con más seriedad y, en consecuencia, en su seno la renovación es mayor que la que tiene lugar en el Partido Colorado y mucho mayor que en el Frente Amplio donde los liderazgos son antiquísimos (Arismendi en el PC, Arana en la Vertiente, Astori , Michelini, Gargano, etc.)

Cabe agregar que los liderazgos, considerados desde esta perspectiva, adoptan formas como consecuencia de factores institucionales más que de tipos de personalidad. Dicho de otro modo: las conformaciones institucionales que prevén la rotación obligatoria producen un tipo de liderazgo determinado, más allá de lo que sean las condiciones personales del líder. A su vez, las instituciones (sociedades, gremios, partidos políticos o repúblicas) que tienen previstas instancias periódicas de puesta en juego de los liderazgos, dan origen a un tipo de sociedad particular, con mayor coeficiente democrático. Por el contrario, cuando esas instancias no están previstas o, por alguna razón los liderazgos consiguen escamotearlas, esas sociedades, gremio, partidos o repúblicas se hacen rígidas, blindadas al cambio y a la renovación.

Todo esto, que empezó como un planteo teórico y académico, al ser contrastado con la realidad nacional que el lector conoce, ayudará a valorar modos de funcionamiento mejores y peores y estilos partidarios propios o impropios para la renovación y el progreso (más allá de denominaciones que solo son licencias poético-políticas).

"Las instituciones que tienen previstas instancias periódicas de puesta en juego de los liderazgos, dan origen a un tipo de sociedad con mayor coeficiente democrático".

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