Pedro Bordaberry
Pedro Bordaberry

¿Adónde vas Ancap?

La semana pasado tuvimos una nueva entrega de la telenovela “Aumento de los combustibles”. La presenciamos cada cinco o seis meses bajo el título “Estudian aumento de tarifas de Ancap”.

Comienzan con el anuncio de que con el aumento del precio del barril de petróleo y del valor del dólar los combustibles deben aumentar. Ha sido una constante en gobiernos de todos los partidos, blancos, colorados y frenteamplistas.

Los últimos capítulos de la novela terminaron con un “el gobierno decidió no aumentar las tarifas”. Final feliz para los consumidores y aparato productivo pero no para Ancap que anuncia pérdidas por 40 millones de dólares por la dilatación del mismo.

Mientras esto sucede en nuestra comarca, el mundo enfrenta una realidad distinta.

Scott Galloway en su reciente libro Post Corona, From Crisis to Opportunity sostiene que el mundo pos- pandemia no traerá muchos cambios sino la aceleración de los que ya estaban ocurriendo.

Lo que lleva a nuevos desafíos.

Los estamos viendo día a día. Las reuniones por video conferencia, que antes eran una rareza, son cosas de todos los días. Hasta festejamos cumpleaños por esa vía. Se dan clases no solo de grado o terciarias sino en educación primaria por zoom. Ello facilita la matriculación y la aumentará porque la infraestructura física necesaria es menor. A lo que se suma la telemedicina, y muchas cosas más.

Uno de los cambios que se venían dando en el mundo y que se acelerarán es el del fin de los vehículos a combustión.

Un estudio de Bloomberg New Energy Finance estima que para el año 2026 el costo de construcción de algunas categorías de autos eléctricos será menor que el de los vehículos a combustión. También que para el 2035 el 100% de los vehículos nuevos que se vendan en Europa serán eléctricos.

Algunos países ya se preparan para ese cambio que se acelerará. Establecieron plazo para el comienzo de la prohibición de los automóviles a gasolina. El primero fue Noruega que fijó el año 2025. Esto es curioso puesto que es un país productor de petróleo. Lo siguieron Costa Rica (2021), Dinamarca, India, Irlanda, Israel y los Países Bajos (2030), Escocia (2032), España, Taiwán, Francia y China (2040).

¿Y por casa?

Los autos eléctricos y los híbridos ya se ven en nuestras calles y tenemos una gran oportunidad.

Poseemos un gran excedente de generación de energía eléctrica que es previsible se mantenga por un largo tiempo. Ello debido a la existencia de contratos de largo plazo (veinte años y más) con generadores privados. Es decir tenemos obligación de pagar por más generación de energía eléctrica de la que necesitamos. Volvere- mos a la época en que se nos estimulaba por consumir energía.

Alguno dirá que ante ese exceso lo mejor seria bajar los precios. El problema es que tenemos que pagar los contratos que son a precio fijo. Así que los partidarios de que lo regule el mercado tienen un problema ahí.

El volcarse a los vehículos eléctricos tanto para paseo como transporte público o producción es nuestra gran oportunidad para generar demanda.

Sin embargo, más allá del entusiasmo por esto y de entender que es el camino que se acelerará, hay un elemento que no debe escapar a nuestro análisis: el futuro de una de nuestra empresas públicas, Ancap.

Si, como todo indica, tendremos cada vez más vehículos eléctricos, debiéramos pensar qué es lo que sucederá con esta empresa cuyo negocio principal son los combustibles. En el mejor de los escenarios su negocio se achicará. Ya hay buses, camiones y tractores eléctricos. Hasta aviones a energía solar. Es lo que se viene.

Eso pone en perspectiva el error de los millones de dólares que se invirtieron en la refinería y los cientos de millones de la misma moneda en aventuras del mismo tipo.

Errores que la nueva administración del ente está subsanando con una política seria y eficiente.

Sin embargo, Ancap dejará de ser, antes de lo que nos imaginamos, el protagonista de la telenovela “Aumento de los Combustibles”.

¿Ante ese destino inexorable, no será el momento de acelerar la verdadera transformación productiva como lo están haciendo tantos otros países?

Además, la energía eléctrica es amigable con el medio ambiente, limpia y no contamina. Costa Rica, por ejemplo, pretende lograr la prohibición total de vehículos a gasolina para celebrar sus doscientos años de existencia. Ya genera el 99% de su energía de fuentes renovables y pretende alcanzar un sistema de transporte “cero carbono”.

Nosotros cumplimos 200 años en el 2030.

Tengo miedo de lo que puede suceder en Uruguay con este tema. Un camino puede ser no hacer nada y esperar que las cosas sucedan. El propio devenir se impondrá con el costo de no haberlas previsto.

Otra reacción, muy nuestra puede ser evitar el aceleramiento de los cambios. Alguno puede gritar “Salvemos a Ancap” y proponer que se sigan utilizando los vehículos a gasolina, prohibiendo o gravando a los eléctricos.

Es ese realismo mágico de algunos que cuando la realidad les dice algo, resuelven que es peor para ella.

Lo único cierto es que el cambio está ocurriendo y hay que prepararse.

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