Pedro Bordaberry
Pedro Bordaberry

Déjá vu

"Déjá vu” significa ya visto. Define la sensación que uno puede tener de estar presenciando de nuevo algo que ya vio antes. Es un concepto que se encuentra en el “David Copperfield” de Charles Dickens o en Freud. El término fue acuñado por Émile Boirac en 1876.

Hace poco se hizo una película con ese nombre y tema protagonizada por Denzel Washington.

Algunos estudios concluyen que más del 60% de las personas tuvieron un déjá vu en su vida.

Hace unos días tuve uno.

Reviví la sensación de lo que presencié en el año 2003 en el “Crown”, un hotel de Melo. Este tiene un salón, en el frente, para desayunar o almorzar que se convierte en centro de charlas y conferencias.

En febrero de ese año concurrimos con el entonces Presidente, Jorge Batlle, al mismo. Me había honrado con la posibilidad de trabajar por el Uruguay como Ministro de Turismo primero, y luego agregó -a la vez- las carteras de Industria y Energía y de Deporte y Juventud.

Eran los duros tiempos de la crisis financiera llegada de Argentina. La más grande en la historia del país. Que se sumó a la aftosa e impactó en la economía.

Uruguay, con las acertadas y valientes decisiones tomadas por el Presidente, empezaba a presentar indicios de la mejora que se confirmaría después.

El propio Batlle así lo afirmaba: “Las medidas permitieron un mejoramiento progresivo de la economía, el canje de la deuda fue muy positivo, hay mejora de la rentabilidad agropecuaria, recuperación de la industria, aumento de las exportaciones y claro interés de los inversores en el país”.

Desde el Frente Amplio, el Dr. Vázquez pedía el default. Sostenía que “el país está en el CTI, destruido, arrasado, vaciado, parece que estuviera en guerra y hay que estar atentos porque la situación se puede complicar en horas”. Su solución era el camino argentino del default, no apoyar el trabajo del gobierno y sembrar dudas.

Los años siguientes le dieron la razón a Batlle. Uruguay tuvo una recuperación y crecimiento económico nunca vistos. El propio Ministro de Economía del FA, Cr. Astori, reconoció que las medidas tomadas fueron no solo acertadas sino fundamentales para salir de la crisis y volver a crecer.

A los mensajes del FA se sumaron los principales dirigentes del Pit-Cnt, con paros e insultos públicos al Presidente.

Ese febrero del 2003, en Melo, lo presencié.

El ambiente era muy hostil. Cofe había decretado paro durante todo el tiempo en que la comitiva presidencial estuviera en la ciudad. Se juntaron unas 500 personas que protestaban e insultaban.

Dentro participábamos del seminario sobre el desarrollo de la energía eólica. Batlle era un entusiasta partidario de la innovación y había dado instrucciones de apoyarlo. “Es el futuro” me dijo. Lo recuerdo cada vez que recorro las rutas nacionales y veo los molinos produciendo energía.

Al finalizar la conferencia se acerca el Comisario encargado de la seguridad presidencial y me pide que salga antes y entre en una camioneta porque se querían ir rápido. “El ambiente está complicado” me informó.

Me negué. Le dije que saldría con el Presidente.

La entrada del hotel que da a la calle debe tener cuatro o cinco escalones. Cuando nos asomamos llovían insultos. El peor era “Viejo, hijo de …”. Batlle se detuvo, me miró y, sonriendo, me dijo al oído “lo que me duele es que me digan viejo”.

Yo, a diferencia de él, enojado le respondí: “nos estamos rompiendo para salir adelante y nos vienen a insultar”.

Bajó un par de escalones, me miró serio y me dijo: “Están pasando mal y por más que estemos haciendo lo correcto, tienen derecho a venir a gritar. El gobierno siempre es el responsable, aunque no lo sea”.

Los insultos recibidos se convirtieron en un profundo mensaje republicano: no tenían razón, pero tenían derecho de gritar.

Contrasta con varios incidentes posteriores de Presidentes del FA. Como aquel en el que desencajado uno le gritó a un manifestante “nos vemos en las urnas” o se hacían públicos los antecedentes de quienes protestaban e incluso se llegó a pegarle un manotazo a un periodista.

El otro día viendo lo que sucedió en Salto con la visita del Presidente actual sentí que tenía un déjá vu.

Hoy, como en el 2003, hay una crisis que vino de afuera (aquella de Argentina, esta del Covid-19, de la China). Hoy el Frente Amplio pidió que se siga el camino de Argentina (en aquel entonces el default, ahora las cuarentenas obligatorias y el cierre de las actividades). Hoy cuando el país se empieza a recuperar, gremios afines al FA promueven paros y militantes van a actos e insultan al Presidente. Este, como Batlle en el 2003, en forma republicana les reconoce el derecho a protestar y los invita a conversar. No averigua sus antecedentes ni los publica, tampoco le pega un manotazo al micrófono de un periodista.

Aunque en realidad las actitudes presidenciales del 2003 y de hoy no son un déjá vu sino fruto de una convicción republicana.

Déjá vu es ver de nuevo a los que no apoyan al país en momentos de crisis, piden medidas que fracasan en Argentina y promueven manifestaciones que terminan en insultos.

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