Pedro Bordaberry
Pedro Bordaberry

Se acabó el recreo

Hay un momento dramático en el fútbol: el penal. En ese instante el arquero, condenado por las reglas al papel de malo a vencer durante el juego, puede convertirse en héroe. Por su parte, el delantero que va a ejecutar la pena pasa a ocupar el papel de villano.

Durante el juego el golero cuenta con ventaja reglamentaria. Además de sus pies puede utilizar las manos. Como los jugadores de campo no pueden hacer lo mismo es de esperar que saque ventaja de ello.

En el penal los papeles se invierten. El delantero que patea tiene ventaja puesto que el arquero está a su merced. Lo esperable es que esa ejecución sea gol y no por eso quien lo convierte será destacado. Todos esperan que cumpla con el trámite. Ahora, si el arquero ataja será el héroe.

Al gobierno actual le tocó el papel de golero. Como todos debe haber soñado con jugar al ataque, de número nueve o diez.

Las circunstancias lo mandaron al arco a atajar penales.

El primero se lo pateó el coronavirus. A quince días de asumir.

El segundo, la baja de la economía derivada de la pandemia.

A esos se sumó la herencia del gobierno anterior: desempleo en crecimiento, déficit fiscal del 5%, falta de inserción internacional, inseguridad tremenda, enorme rezago en los indicadores educativos y muchos otros problemas.

Era difícil atajar esto. Sin embargo, empezó a parar todas las que le pateaban.

Al penal del coronavirus lo sacó al córner con la atajada de la adquisición de vacunas, primero, y vacunación de gran parte de la población, después.

Desde la oposición no se conformaron y, desde la tribuna, gritaron que las vacunas se tendrían que haber conseguido antes, había que cerrar las actividades y muchas cosas más.

Pidieron Var y se quedaron con las ganas.

La comparación con lo que están haciendo sus ídolos en Argentina y otros países los dejó mal. Todos los uruguayos sabemos que fue tremenda atajada y las críticas frenteamplistas no hacen más que confirmarlo.

Después vino la baja de la actividad económica. Se frotaron las manos. “Esta sí que no la ataja”, pensaron seguramente mientras pedían cuarentenas, toques de queda y otras medidas que provocan recesión y más desempleo.

El gobierno volvió a volar de palo a palo y les contestó con la libertad responsable. Les dijo que no podía prohibirle trabajar a quien tiene que salir a ganarse el pan todos los días. Que aunque tenue había que mantener la llama de la economía prendida.

Mientras hacía esto aumentó los apoyos a los mas vulnerables, fijó aportes extraordinarios a los sueldos altos del Estado y creó un plan de empleo directo.

Con la excepcional gestión del inolvidable Jorge Larrañaga, hoy seguida por el sobrio y experiente Luis Alberto Heber, empezó a ganarle a la inseguridad.

Primero ajustó líneas en defensa y después se lanzó directo al ataque cerrando bocas de drogas, bajando los indicadores de homicidios, rapiñas y hurtos, respaldó a la policía y mejoró las políticas.

Ahora, desde el Frente Amplio, proponen patear otro penal. Uno que apunta al centro de las cosas que se empezaron a arreglar en el Uruguay.

Proponen derogar la Ley de Urgente Consideración.

La que permitió que se revirtiera la inseguridad en que nos sumieron durante años.

La que permite que bajen los homicidios, los hurtos, las rapiñas, protege a los policías y castiga a los delincuentes.

La de las normas para mejorar la educación o que establece cosas tan sencillas e importantes como que cada ciudadano es dueño de su número de teléfono celular y no las empresas telefónicas.

La de la libertad de circulación de las personas.

Desde el Frente Amplio ya festejan por anticipado, antes de patear. No se dan cuenta que jugamos en el mismo equipo y que la inseguridad, los problemas de la educación o la baja de la actividad económica nos afectan a todos. A ellos también. Pero están enceguecidos por la pasión de la camiseta que no les permite ver más allá de su interés electoral.

Hay que atajar este penal. Pero lo tiene que parar toda la Coalición Republicana que gobierna. Lo debe hacer sobre todo mostrándose unida y dejando de lado las cosas que dividen.

El partido mayoritario de la coalición, el Nacional o Blanco, siendo generoso en la presencia de sus socios. El mío, el Colorado al que adhiero, poniendo una vez más el interés del país por sobre el del partido. Como nos marca la historia. El Independiente mostrando lo que nos une a los miembros de la coalición: el republicanismo, el estado de Derecho, el respeto por el otro. El del Sr. Manini Ríos dejando claro a sus integrantes que se acabó el recreo.

Que ante el enorme desafío de defender una ley que nos brinda seguridad, ayuda a una mejor educación y garantiza la libertad de circulación y trabajo es necesario dejar de lado los perfilismos y las propuestas de leyes que hacen que el FA se frote las manos por generar divisiones.

Pongamos lo importante primero para no volver al país de la inseguridad, el retroceso educativo y el puño crispado. No olvidemos la sentencia de Hernández en el Martín Fierro. Esa que dice que si nos peleamos entre nosotros, nos devoran los de afuera.

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