Pablo Da Silveira
Pablo Da Silveira

Torciendo números

Los precandidatos que disputarán la interna frentista se diferencian en muchas cosas pero se parecen en una: ambos sostienen que no hay razones para alarmarse ante el estado de nuestra enseñanza. Tabaré Vázquez lo dice de un modo más tribunero y Constanza Moreira esgrime cifras, pero ambos describen la situación con idéntica autocomplacencia.

Los precandidatos que disputarán la interna frentista se diferencian en muchas cosas pero se parecen en una: ambos sostienen que no hay razones para alarmarse ante el estado de nuestra enseñanza. Tabaré Vázquez lo dice de un modo más tribunero y Constanza Moreira esgrime cifras, pero ambos describen la situación con idéntica autocomplacencia.

Este fenómeno permite, entre otras cosas, calibrar mejor la clase de competencia que se ha planteado dentro del oficialismo. Quien crea que se trata de un enfrentamiento entre un moderado sofisticado y una ultra muy básica se equivoca. La cosa es más bien entre un moderado muy básico (“¿quieren lola?”) y una ultra sofisticada. Pero, en lo que refiere a la enseñanza, ambos expresan algunas de las peores inclinaciones que podemos encontrar en la sociedad uruguaya.

Veámoslo con un ejemplo. En un reciente debate televisivo con el precandidato colorado José Amorín, Constanza Moreira sostuvo que no hay que preocuparse demasiado ante el bajo porcentaje de estudiantes que culmina la enseñanza media, porque este “estrangulamiento” ha existido desde siempre. No hay aquí nada nuevo, ni nada de lo que puedan ser responsabilizados los últimos gobiernos.

¿Tiene razón Constanza Moreira? Un examen superficial de las cifras parecería confirmarlo. Es verdad que Uruguay tiene hoy una baja tasa de culminación de la enseñanza media: menos del 40 por ciento de los jóvenes de entre 20 y 24 años terminaron ese ciclo. Pero esto ya ocurría hace unos cuantos años. Por ejemplo, en 1990 sólo lo hacía el 32%. Así que, por lo visto, no sólo no hemos empeorado sino que hasta hemos mejorado un poco. No hay motivos para preocuparse ni razones para responsabilizar a los gobiernos frentistas.

Lo malo de esta interpretación es que se basa en una ilusión óptica (o más bien estadística), consistente en mirar la foto en lugar de la película. Todo a lo largo del siglo XX, el Uruguay fue avanzando en materia educativa. Primero generalizó la finalización de la enseñanza primaria, luego el acceso a los primeros años de la media, y luego empezó a prolongar los estudios de nivel medio hasta el Bachillerato. A inicios de los noventa, Uruguay estaba a la cabeza de la región en ese proceso: sólo Chile y Argentina tenían mejores tasas de egreso en la enseñanza media.

Pero después dejamos de mejorar, mientras nuestros vecinos siguieron avanzando. Hasta tal punto es así que hoy nos superan casi todos los países de la región. Mientras nosotros seguimos teniendo una tasa de egreso de la enseñanza media inferior al 40 por ciento, Chile tiene más del 80, Argentina casi el 70, Colombia más del 60 y Brasil más del 50 por ciento. La triste verdad es que hemos pasado a integrar el pelotón de cola. Y esto ocurrió justamente en un período en el que el gasto real en educación se multiplicó casi por tres. De modo que sí hay de qué responsabilizar a los gobiernos frentistas.

El análisis de las cifras que hace Constanza Moreira encarna algunos de nuestros peores reflejos: mirar hacia adentro con cabeza provinciana (sin compararnos siquiera con nuestros vecinos) y conformarnos si las cosas están un poquito mejor que hace 25 años, sin que importe cuánto gastamos en el camino. Claro que aquí influye mucho el contexto. Si ella o su contrincante Tabaré Vázquez estuvieran en la oposición, estarían dando gritos de alarma.

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