Pablo Da Silveira
Pablo Da Silveira

Títulos

Afines de abril pasado, Cristina Cifuentes, presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid, se vio obligada a dimitir y, en ese mismo acto, a poner punto final a una de las carreras políticas más notorias de España. El tiro de gracia que la dejó sin futuro político fue la difusión de un video que la mostraba robando en un supermercado.

La filmación databa de 2011 y ya había circulado sin generar consecuencias, pero el contexto en el que fue nuevamente difundida le dio el efecto de una bomba: desde hacía semanas, Cifuentes intentaba resistir serias acusaciones de fraude académico. Según investigaciones de prensa (que desde entonces han encontrado varias confirmaciones) el título de maestría que figuraba en su currículum, emitido por la Universidad Rey Juan Carlos, era el resultado de una a serie de falsificaciones.

A principios de este mes, la ministra de Sanidad del nuevo gobierno español, Carmen Montón, renunció al cargo a solo cien días de haber asumido. Cifuentes es del PP y Montón es socialista, pero el escenario era exactamente el mismo: investigaciones de prensa habían identificado registros fraudulentos en su ficha de estudiante de una maestría en estudios de género. La universidad implicada era nuevamente la Rey Juan Carlos de Madrid.

En estos días es el propio presidente del gobierno español, el socialista Pedro Sánchez, el que está bajo ataque a causa de una tesis doctoral plagada de irregularidades. El presidente del PP, el diputado Pablo Casado, también estuvo bajo sospecha y fue recientemente exonerado por la justicia.

La seguidilla hace pensar en lo que pasó en Uruguay en estos años. La saga del inexistente título del vicepresidente Sendic fue el caso más llamativo, dado el altísimo cargo que ocupaba el implicado y lo grotesco de las mentiras que utilizó. Pero hubo otros casos de renuncias a cargos públicos por parte de sociólogos que resultaron no ser sociólogos y de alguna falsa psicóloga. En otros países existen episodios parecidos.

¿Por qué quienes aspiran a hacer carrera política parecen tener tanta necesidad de mostrar títulos universitarios, al punto de que algunos los inventan cuando no los han conseguido? Una respuesta frecuentemente mencionada es que los títulos profesionales ocupan en América el lugar que ocupan los títulos nobiliarios en Europa. Pero España está en Europa y tiene nobles con título, de modo que la explicación no parece ser suficientemente buena.

Es probable que estas falsificaciones sean una manera tortuosa y envilecida de reconocer que, aunque no hace falta estudiar para ser político, es bueno haberse formado con seriedad en algún área del conocimiento como manera de prepararse para el ejercicio de responsabilidades públicas. Este convencimiento está tan extendido en las sociedades democráticas que, en estos tiempos de confusión entre la política y el marketing, aparece de vez en cuando bajo la forma de fraude.

Los políticos que engañan sobre sus títulos académicos cometen una brutal falta de respeto hacia todos aquellos que se esforzaron durante años para acceder a un diploma legítimo. Pero mucho más insultan a aquellos ciudadanos que estudiaron duramente, quedaron a dos o tres exámenes de cumplir su sueño, y tienen la decencia de no fingir tener lo que no consiguieron alcanzar. Es algo que entienden casi todos, excepto los pocos originales que desprecian "los papelitos".

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