Pablo Da Silveira
Pablo Da Silveira

Teletón y utopía

Cuando todavía se escuchaban los aplausos por el éxito de la última Teletón, el presidente de la Cámara de Diputados, Alejandro Sánchez, mostró su disgusto: “No colaboro con la Teletón porque construye una imagen que me parece muy perversa. No creo que el instrumento sea colaborar con las personas que son discapacitadas desde el lugar de la caridad, desde el lugar so- lo monetario. Y creo que hacerlo un único día por año, que es el mensaje que se termina generando, no contribuye a colo-car a los discapacitados como sujetos de derecho, sino que los coloca como sujetos de caridad”.

Cuando todavía se escuchaban los aplausos por el éxito de la última Teletón, el presidente de la Cámara de Diputados, Alejandro Sánchez, mostró su disgusto: “No colaboro con la Teletón porque construye una imagen que me parece muy perversa. No creo que el instrumento sea colaborar con las personas que son discapacitadas desde el lugar de la caridad, desde el lugar so- lo monetario. Y creo que hacerlo un único día por año, que es el mensaje que se termina generando, no contribuye a colo-car a los discapacitados como sujetos de derecho, sino que los coloca como sujetos de caridad”.

Horas más tarde, Sánchez señaló el camino que le parece correcto: “En nuestro país, en el año 2007, se creó el Programa Nacional de Discapacidad. A su vez, desde el 10 de febrero de 2010, fecha en la que se promulgó una nueva Ley de Discapacidad, nuestro Estado ha tomado una importante serie de acciones que apuestan a la inclusión real y social de las personas discapacitadas. En ese sentido, el trabajo ha sido encuadrado desde una perspectiva de derechos”.

Que Sánchez defienda estas ideas no es nuevo. No hay que olvidar que se trata de un dirigente del MPP, y desde el MPP ya se lanzaron ataques contra los liceos Jubilar e Impulso. En todos los casos la línea es la misma: una gran desconfianza ante la posibilidad de que la sociedad se organice para buscar soluciones y una apuesta a un Estado que no deja espacio para iniciativas que no se ajusten a una lógica de acumulación política.

Sería posible hacer largos análisis sobre esta visión, pero antes hay una realidad que rompe los ojos: Sánchez no representa a un Estado que responda a las demandas sociales con equidad y eficiencia, sino a uno que falla todos los días. El Estado que representa Sánchez no consigue mantener a los jóvenes en los salones de clase, ni consigue que los que permanecen aprendan lo suficiente. El Estado que representa Sánchez no consigue proteger a sus ciudadanos de una criminalidad que siembra dolor y muerte. El Estado que representa Sánchez tiene funcionarios que patean en el piso a menores esposados. Al Estado que representa Sánchez se le mueren presos en las cárceles, a veces como resultado de homicidios y otras veces porque se los deja encerrados durante un incendio. El Estado que representa Sánchez niega medicamentos a personas enfermas, al mismo tiempo que dilapida centenares de millones de dólares en los fiascos de Pluna y Ancap.

Pero Sánchez no se hace cargo de nada de esto, porque él no habla del Estado real sino de uno ideal. Ese es su truco. Su solución es perfecta porque no existe. Él no tiene en cuenta la realidad que todos los días contribuye a crear, porque habla desde la utopía. Lo mismo hacen él y los suyos al hablar de economía: cuando denuncian las imperfecciones del mercado (que sin duda existen) no las comparan con las horribles patologías que afectaron a todas las economías planificadas que han existido, sino con las bondades de una que nunca existió. No comparan mercados reales con alternativas reales, ni mercados ideales con alternativas ideales, sino realidades siempre complejas con cómodas idealizaciones.

Felizmente, mientras el diputado Sánchez se intoxica con mala ideología, hay quienes aportan las soluciones que el Estado que él representa no está siendo capaz de dar. Y eso es lo que cuenta para la vida real de la gente real.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)