Pablo Da Silveira
Pablo Da Silveira

Repetición

La repetición escolar no es un problema. Es una solución. El problema es el déficit de aprendizajes: una realidad que existe, quiéranlo o no, las autoridades de la enseñanza.

Como todas las soluciones, la repetición puede ser mejor o peor que otras soluciones alternativas. No estamos obligados a perpetuarla, ni a mantenerla incambiada por los siglos de los siglos.

Lo que es absurdo es pensar que, porque eliminamos la repetición, eliminamos el problema que llevó a instalarla. Lo que estamos eliminando es un instrumento para intentar solucionarlo. Si lo sustituimos por uno mejor, entonces habremos dado un paso adelante. Si lo sustituimos por uno peor, o por ningún instrumento en concreto, entonces habremos retrocedido.

Las autoridades de la enseñanza se han propuesto eliminar la repetición como si fuera un fin en sí mismo. Con esto vuelven a caer en un error de razonamiento al que parecen propensas: confundir los medios con los fines. Se trata del mismo error que cometen cuando festejan el aumento del presupuesto educativo como si fuera un logro en sí, sin percibir que más plata gastada sin mejoras equivalentes en términos de resultados es simplemente una pérdida de eficiencia.

También razonan mal cuando explican por qué se han propuesto eliminar la repetición. Su argumento es que una gran proporción de los alumnos que repiten en primaria terminan abandonando los estudios antes de tiempo. De aquí concluyen que la repetición es la causa del abandono posterior. Y con eso caen en un error elemental, que consiste en confundir una correlación con una causa. Es como si pensaran que, porque todas las mañanas muchos hombres se afeitan y luego van a trabajar, afeitarse es la causa de que vayan a trabajar. En realidad, hay una causa común que explica ambos fenómenos. En el caso de la educación, es razonable presumir que las debilidades socioculturales que aumentan la probabilidad de repetir son las mismas que también aumentan la de abandonar los estudios antes de tiempo.

Los anuncios realizados estos días a propósito de un “pacto” para eliminar la repetición son la explicación de una política que se viene aplicando desde hace años, al mismo tiempo que se negaba que existiera. La repetición en primaria ha venido descendiendo de manera constante desde hace más de una década, como resultado de presiones que han sido repetidamente denunciadas por los docentes y sus organizaciones sindicales.

Sin embargo, la calidad de los aprendizajes no ha mejorado, ni tampoco las tasas de egreso de la educación obligatoria.

Estos datos contundentes no generan ninguna reflexión en las autoridades. Anunciar el fin de la repetición les resulta atractivo, porque es efectista y da la sensación de estar haciendo algo. Las autoridades tampoco son muy precisas en la descripción de los instrumentos alternativos. Se dicen y escriben muchas cosas, pero no hay una descripción exacta de los mecanismos, ni se dice nada sobre las condiciones de su aplicación. Por ejemplo, no se ha presentado ninguna estimación de costos asociados a lo que debería ser un gran golpe de timón.

Como de costumbre, las autoridades de nuestra enseñanza piensan más en términos de marketing que de educación. Las víctimas serán las de siempre: precisamente aquellos que más necesitan de una educación de calidad para tener mejores oportunidades en la vida.

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