Pablo Da Silveira
Pablo Da Silveira

Un poquito de razón

El presidente Vázquez reaccionó con firmeza ante una solicitud de reunión por parte del Pit-Cnt, diciendo que no estaba dispuesto a dialogar bajo amenazas. Y tuvo razón al responder de esa manera.

El presidente Vázquez reaccionó con firmeza ante una solicitud de reunión por parte del Pit-Cnt, diciendo que no estaba dispuesto a dialogar bajo amenazas. Y tuvo razón al responder de esa manera.

Uno de los misterios del Uruguay de hoy es por qué se le acepta al Pit-Cnt un lenguaje que nadie más usa en el espacio público. El discurso de la central sindical y de muchos de los sindicatos que la integran es prepotente, imperioso, insultante, amenazador. Al lado del discurso promedio del sindicalista promedio, los peores excesos de la senadora Constanza Moreira lucen inocentes.

Parecería que para los líderes sindicales de este país no puede haber gente decente que discrepe con ellos. Nada de lo que proponen puede ser discutido. De hecho, no proponen sino que exigen. Y todo tiene que ser concedido ahora.

Quienes discrepan con ellos no pueden ser ciudadanos con otro punto de vista, sino agentes de “la bestia parda de la humanidad: el imperialismo norteamericano”, o perversos ejecutores de “la utopía reaccionaria de liquidar las conquistas y aumentar la plusvalía” (ambas son expresiones recientes del dirigente Marcelo Abdala). Los sindicatos se presentan como los únicos defensores de los derechos, aunque la mitad del tiempo usen ese lenguaje para proteger simples intereses.

Lo peor es que, si no se les dice que sí de inmediato, vienen las amenazas como las que recibió el presidente Vázquez: “se va a desatar una conflictividad gigantesca”, “va a haber una confrontación como nunca conocieron los gobiernos del Frente”.

Esas expresiones no fueron fruto de un error, sino lenguaje estándar. Pocos días antes de ese episodio, un dirigente de los trabajadores del gas, que exigían una taza de café y tres bizcochos cada mañana, decía casi las mismas palabras: “se viene un conflicto de dimensiones gigantes”. Es un estilo que combina la amenaza con la culpabilización de quien en realidad va a sufrir las consecuencias.

Uno podría entender esta retórica furibunda si proviniera de un fanático moral. La búsqueda de la pureza conduce a veces a la crueldad. Pero aquí no estamos ante ningún obseso de la pureza, sino ante una organización que intenta disimular los oscuros manejos de dinero que se esconden tras un plan de viviendas, y que no encontró nada grave cuando uno de sus principales dirigentes se paseó impávido entre menores esposados que eran pateados en el piso. Así que tenemos el rigor pero no la pureza. Lo peor de los dos mundos.

Vázquez tuvo razón, pero poquito. Y esto por dos motivos. El primero es que él es directamente responsable de que se haya llegado a esta situación. Hace años que la dirigencia de izquierda azuza la combatividad de los sindicatos, siempre que se dirija contra terceros. Pero, como dijo alguien, aquellos que intentan llegar a algún lugar cabalgando a lomos de un tigre, suelen terminar devorados por él.

El segundo motivo por el que Vázquez sólo tiene un poquito de razón es que su actitud fue fugaz. Mostró los dientes unos segundos y enseguida arregló. El episodio, por lo tanto, no va a cambiar casi nada. La dirigencia sindical seguirá usando su lenguaje prepotente e intimidador, sin otro cuidado que el de bajar un poquito los decibeles cuando se dirijan directamente a este presidente.

Una vez más, Tabaré Vázquez dejó pasar una oportunidad de construir ciudadanía y democracia.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)