Pablo Da Silveira
Pablo Da Silveira

El Pit-Cnt en Santa Clara

El hecho demoró en llegar a las primeras planas de los medios de comunicación. El foco estaba puesto en la previa del mundial y en otros asuntos que pronto olvidaremos. Pero se trata de uno de los episodios más cargados de significado que hemos vivido últimamente.

El sábado se corría uno de los dos raids hípicos que cada año se organizan en Santa Clara de Olimar, en el Departamento de Treinta y Tres. Justo ese día, algunas personas ocuparon la estación de servicio. No eran del lugar y habían llegado en varios autos. Eran militantes del Pit-Cnt.

El piquete bloqueó las entradas y puso autos delante de los surtidores, para que no se pudieran utilizar. Dijeron que era en respuesta a un despido ocurrido días antes.

La gente del lugar dice que el despido estaba justificado y que los sindicalistas actuaron de manera patotera: trancaron la circulación e impidieron durante todo el día que la gente pusiera nafta. A media tarde, el dueño de la estación quiso hacerlo en su propio establecimiento. No pudo. Hubo gritos y forcejeos.

Para la caída del sol, decenas de personas se concentraban en el lugar. Eran vecinos de la zona, que denunciaban la situación como un atropello. Empezaron a tocar bocinas, a aplaudir y a gritar: "¡que se vayan!". Y siguieron haciéndolo hasta que los sindicalistas se retiraron. Al día siguiente, la estación de nafta operó con normalidad.

No es la primera vez que ocurren episodios como este. Hace pocos días circuló en las redes un video en el que una trabajadora defendía su derecho a trabajar ante un sindicalista que le impedía ingresar a una fábrica. Si a esto sumamos la sostenida caída en los niveles de simpatía hacia los sindicatos que muestran las encuestas, se va configurando todo un panorama.

Pronto van a aparecer quienes digan que la acción fue organizada por la oligarquía, la derecha o el Plan Atlanta. El dirigente Marcelo Abdala ya se apuró a decir que fueron "los autoconvocados", confirmando así su preocupación. Pero los verdaderos responsables son los propios sindicatos.

Las organizaciones nucleadas en el Pit-Cnt cometieron dos errores graves en estos años. El primero fue seguir funcionando como aliados del Frente Amplio cuando a este le tocó ser gobierno. Quien lo dude, puede revisar la gran proporción de sindicalistas de primera línea que aparecieron en las listas electorales frentistas, o puede recordar que, en la última campaña electoral, el Pit-Cnt hizo un paro general para avisar cuál sería su actitud en el caso de que otra fuerza política ganara las elecciones. Después de eso, cualquier declaración de independencia suena ridícula.

El segundo error fue abusar de su nueva posición de poder. Por esa vía tuvo logros, como conseguir que el Parlamento aprobara una desequilibrada ley de accidentes laborales o que estableciera (contra la OIT) que la ocupación es una extensión del derecho de huelga. También convirtió al Ministerio de Trabajo en una dura cancha donde los empleadores juegan de visitantes. Pero al mismo tiempo hizo daño a mucha gente, incluyendo pequeños empresarios, trabajadores no sindicalizados y desempleados.

Hubo tiempos en los que fue difícil ser sindicalista en este país, y en los que los derechos de los trabajadores no estuvieron bien protegidos. Pero creer que la justicia consistía en casarse con el poder y volverse prepotentes fue un error histórico.

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