Pablo Da Silveira
Pablo Da Silveira

Metas educativas

Los uruguayos estamos acostumbrados a discutir sobre la cantidad de recursos que vamos a destinar a la educación, pero no sobre los logros que esperamos alcanzar como resultado de ese esfuerzo. Y ese es un problema grave, porque los recursos son un medio y no un fin en sí mismo.

Supongamos que tenemos una idea más o menos aproximada de la cantidad de dinero de que disponemos (digamos, un 5% del PBI). Y supongamos que sabemos cuáles son los principales problemas que queremos resolver (por ejemplo, la deserción en la enseñanza media o la calidad de los aprendizajes). ¿Cómo saber si los resultados que vamos obteniendo son satisfactorios?

Para responder esta pregunta hace falta tener metas claras. Pero el problema es que en ningún lugar está escrito cuáles son las metas que debemos perseguir. Consideremos la tasa de egreso de la educación media. Sabemos que el nivel en el que estamos es muy malo: menos del 40% de los jóvenes uruguayos de entre 20 y 24 años han terminado la e

Los uruguayos estamos acostumbrados a discutir sobre la cantidad de recursos que vamos a destinar a la educación, pero no sobre los logros que esperamos alcanzar como resultado de ese esfuerzo. Y ese es un problema grave, porque los recursos son un medio y no un fin en sí mismo.

Supongamos que tenemos una idea más o menos aproximada de la cantidad de dinero de que disponemos (digamos, un 5% del PBI). Y supongamos que sabemos cuáles son los principales problemas que queremos resolver (por ejemplo, la deserción en la enseñanza media o la calidad de los aprendizajes). ¿Cómo saber si los resultados que vamos obteniendo son satisfactorios?

Para responder esta pregunta hace falta tener metas claras. Pero el problema es que en ningún lugar está escrito cuáles son las metas que debemos perseguir. Consideremos la tasa de egreso de la educación media. Sabemos que el nivel en el que estamos es muy malo: menos del 40% de los jóvenes uruguayos de entre 20 y 24 años han terminado la educación media, lo que nos coloca muy por debajo de los niveles considerados aceptables a escala internacional. Pero, ¿a qué nivel deberíamos aspirar, digamos, en un plazo de 10 años? ¿Debemos proponernos una tasa próxima al 90%, como algunos países de Asia y Europa?

La idea es muy atractiva, pero también luce impracticable. Según datos de Cepal, Uruguay apenas consiguió mejorar esa tasa en un 5% (del 32 al 37%) entre 1990 y el presente. ¿Es realista proponernos lograr en una década un crecimiento más de 10 veces superior al que logramos en el último cuarto de siglo?

Este razonamiento nos conduce a moderar nuestras pretensiones, pero justamente por eso encierra el riesgo de conformarnos con muy poco. Y esa es una actitud que no va a beneficiar a las nuevas generaciones de uruguayos. Si los últimos años han sido de pérdida de posiciones en términos comparados, tenemos que hacer un esfuerzo que nos permita modificar la tendencia y al menos recuperar parte del terreno perdido.

¿Qué punto de referencia, entonces, tenemos que elegir? Una respuesta razonable en el contexto actual consiste en prestar atención a lo que pasa en la región. Esta actitud hubiera sido injustificable hace unas décadas, porque Uruguay estaba entre los países mejor posicionados del continente. Cuando uno supera a sus vecinos, compararse con los más cercanos significa compararse con los que vienen atrás. Pero esto ha cambiado radicalmente. La última década ha sido una época de progreso para la educación latinoamericana, pero de estancamiento o de retroceso para la nuestra. De modo que, en el Uruguay de 2014, compararnos con los vecinos significa compararnos con los que vienen mejorando como nosotros no conseguimos hacerlo.

Compararnos con la región también significa mirar países que enfrentan problemas y disponen de medios parecidos a los nuestros. Si ellos pudieron lograr ciertos avances, nosotros deberíamos poder hacerlo. Cuando alguien hace una comparación con Finlandia, la respuesta usual consiste en decir que los finlandeses disponen de medios de los que nosotros carecemos. Pero eso no ocurre si nos comparamos con Argentina, Chile o Brasil.

¿Cuánto debe mejorar nuestra tasa de egreso de la enseñanza media o nuestros puntajes en PISA? La manera más simple de fijar metas exigentes y realistas consiste en mirar las curvas de mejora que han seguido nuestros vecinos.


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