Pablo Da Silveira
Pablo Da Silveira

Lo que mata es ir al médico

Si el presidente del Codicen fuera un hombre coherente, debería afirmar que lo que mata a la gente es ir al médico.

Los datos están a la vista. Si buscamos cambios en el último año de vida de quienes fallecen por causas naturales, vamos a encontrar una fuerte tendencia al aumento de las consultas médicas. Esas personas fueron al médico con mucha más frecuencia que en otras etapas de sus vidas, y también con mucha más frecuencia que el conjunto de la población. Luego murieron. Está claro entonces que lo que las mató fue ir al médico.

Naturalmente, esto es un disparate: aunque mucha gente primero aumente la frecuencia de sus consultas y luego muera, eso no significa que haya una relación de causa y efecto entre ambas cosas. El aumento de las visitas al médico y la muerte posterior son ambas consecuencias de la aparición de una enfermedad grave. Una correlación no es una causa, ni siquiera cuando un acontecimiento siempre ocurre después del otro.

Todo esto es tan obvio que no merecería la menor consi-deración. Pero el problema es que así es como razona el presidente del Codicen, profesor Wilson Netto, y junto con él buena parte del oficialismo. En una entrevista publicada por este diario el domingo pasado, Netto dijo una vez más que "la repetición opera como instrumen- to que direcciona el abandono. Es muy baja la cantidad de personas que termina la educación media superior si tuvo una experiencia de repetición previa. Estamos hablando de cifras de dos dígitos, por encima del 20%. La repetición es la principal causa del abandono".

Esto es razonar exactamente como en el caso del médico. La información disponible confirma que una proporción significativa de quienes abandonan los estudios tienen en común una experiencia previa de repetición. En algún momento de primaria o de la educación media repitieron algún año; luego dejaron de estudiar antes de haber terminado el segundo ciclo. La conclusión que sacan los jerarcas de nuestra enseñanza, con Netto a la cabeza, es que la repetición es la causa del abandono que se produce años más tarde.

Se trata de una hipótesis verdaderamente extraña. Mucho más lógico es suponer que tanto la repetición como el abandono se deben a una misma incapacidad del sistema educativo para dar respuesta a las necesidades de los más vulnerables. Pero Netto insiste en afirmarla como si fuera evidente, solo porque una cosa ocurre después de la otra.

La repetición es un recurso pedagógico en debate, de mo-do que puede haber buenas razones para abandonarlo. Pero la que aporta el oficialismo es impresentable. Tampoco es aceptable que se abandone la práctica de la repetición sin desarrollar estrategias alternativas ni evaluar cuidadosamente sus resultados. Eso ya ocurría en Primaria y ahora empieza a ocurrir en el nivel medio.

Cuando se observa la falta de seriedad con la que se está manejando el tema, es casi inevitable concluir que las autoridades están eliminando la repetición como manera de mejorar las estadísticas: exigiendo menos, consiguen que más gente se mantenga en el sistema durante más años. No importa que no aprendan.

La política educativa de hoy está creando a quienes mañana conformarán una gran clientela política dependiente de la asistencia del Estado, porque serán incapaces de generar ingresos por sí mismos y serán igualmente incapaces de ejercer ciudadanía.

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