Pablo Da Silveira
Pablo Da Silveira

Harry Potter y los derechos

El penoso tratamiento del "problema de los cincuentones" nos trajo una nueva aparición en escena del inefable Raúl Sendic.

Tras presentar una propuesta de solución sólo destacable por lo superficial y tardía, el ex-vice se negó a considerar el problema de los costos diciendo: "Al que tiene un problema, con el que se ha sido injusto, (hay que) darle lo que son sus derechos, lo que son sus necesidades, lo que es justo que se le dé. No tiene que primar si cuesta o no cuesta, lo que tiene que primar es si es justo o no".

Sería fácil ensañarse con el descaro de que sea justamente Sendic quien aparezca minimizando un problema de costos. También sería fácil criticar su sintaxis tambaleante o lo abismal de su confusión conceptual (que lo lleva a creer, por ejemplo, que derechos y necesidades son la misma cosa). Pero no vale la pena dedicar tiempo ni espacio a esas tareas. Más importante es observar que en sus palabras aparece un error que no es solamente suyo, sino típico de nuestra izquierda. Ese error consiste en creer que es posible separar la enunciación de ciertos derechos del aseguramiento de las condiciones que hacen posible su ejercicio.

Para buena parte de nuestra izquierda, el acto de enunciar o declarar derechos se parece a la enunciación de fórmulas mágicas en el mundo de Harry Potter: por el sólo hecho de pronunciar ciertas palabras, pasan cosas en el mundo. Para volver al caso: por el sólo hecho de afirmar que todos los uruguayos tienen derecho a una jubilación digna, y consignarlo de ese modo en un texto legal o constitucional, estaremos consiguiendo que los uruguayos tengan una jubilación digna.

La experiencia muestra una y otra vez que el mundo no funciona así. Llevamos más de una década escuchando hablar de "educación como derecho", pero eso no impidió que nos convirtiéramos en uno de los países de América Latina con peor tasa de egreso de la educación media. En el año 2004 aprobamos una reforma constitucional que declara el acceso al agua potable como derecho humano fundamental, pero eso no impidió que, desde entonces hasta hoy, el agua que nos ofrece OSE se haya vuelto intomable.

Escuchamos hablar todo el tiempo de derechos humanos, pero eso no impidió que Manfred Nowak, relator especial sobre torturas de la ONU, afirmara que las cárceles uruguayas funcionan en "condiciones infrahumanas, en flagrante violación de las normas internacionales".

Los derechos bien entendidos no son meras palabras, sino garantías institucionales que un Estado se compromete a sostener a lo largo del tiempo. Y eso cuesta plata y esfuerzo. Declarar que todos los ciudadanos tenemos derecho a un debido proceso no quiere decir nada, a menos que el Estado gaste millones y haga el esfuerzo organizativo necesario para que las fiscalías, defensorías, juzgados y demás mecanismos institucionales funcionen adecuadamente. Decir que todos los uruguayos merecen una jubilación digna es un saludo a la bandera a menos que nuestra economía alcance los niveles de eficiencia, productividad y competitividad que permitan generar los recursos necesarios. Decir que en este país se protege la vida es un triste sarcasmo si no hay una policía capaz de combatir los delitos violentos.

No es sólo Sendic, sino la izquierda en su conjunto: son muy buenos fabricando palabras sonoras, pero incapaces de construir realidades que les den sustento.

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