Pablo Da Silveira
Pablo Da Silveira

Para gobernar

El programa de gobierno común a todo el Partido Nacional está concluido. El cierre se logró este fin de semana, tras casi un mes de trabajo en el que intervinieron unos 150 técnicos provenientes de todos los sectores, repartidos en nueve grupos temáticos diferentes.

Todo el proceso fue conducido por un equipo central de referentes, propuestos por cada uno de los precandidatos que participaron en la elección del 30 de junio.

El próximo paso será la aprobación política del programa común, que está prevista para la convención que sesionará el 10 de agosto. De esa convención el Partido Nacional saldrá con una fórmula proclamada y con un programa que no será el de ningún sector específico, sino el de todas sus listas, corrientes y agrupaciones.

El Partido Nacional está cumpliendo con todos los requisitos necesarios para presentarse en las mejores condiciones a las vueltas electorales de octubre y noviembre. Y lo importante no es solo que lo esté logrando, sino la manera en que lo está haciendo. El trabajo de elaboración del programa común fue un proceso fluido y pacífico, en el que todas las partes aportaron sensatez y espíritu de colaboración. No hubo choques ni rispideces, sino la búsqueda en conjunto de fórmulas de acuerdo con las que todos pudieran sentirse cómodos. Fue un proceso que no dejó heridas. Y eso solo fue posible gracias a la actitud constructiva de todos los que participaron.

Como en todo partido grande, dentro del Partido Nacional hay visiones y opiniones diferentes sobre varios temas. También hay, como es normal que ocurra, algunas tensiones y problemas pendientes de solución. Pero eso es justamente lo que da valor al proceso que se acaba de vivir. El Partido Nacional ha mostrado ser una organización política equilibrada y madura, capaz de mantener un rumbo común, de gestionar civilizadamente las discrepancias y de tomar decisiones colectivas sin sufrir bloqueos ni grandes desgastes internos.

Las campañas electorales son períodos de prueba para los partidos y sus dirigentes. De hecho, esa es la razón por la que existen. Durante una campaña electoral, los candidatos y sus organizaciones tienen que tomar decisiones bajo presión, sin disponer de mucho tiempo y sabiéndose observados por el país entero. En ese contexto exigente deben mantener la mente clara, mostrar temple para resistir las tensiones y ser capaces de negociar y construir acuerdos. Además, saben que cualquier error que cometan se pagará muy caro.

Todas esas son condiciones que se repiten a la hora de gobernar. También cuando se gobierna los plazos apremian, las tensiones son múltiples y cada decisión que se tome tendrá consecuencias, además de ser evaluada por los periodistas, los analistas y, en última instancia, la ciudadanía en general.

El modo en el que un candidato o un partido se desempeñan durante una campaña dice mucho sobre el modo en que serán capaces de desempeñarse si les toca ejercer el gobierno. Justamente para eso las hacemos y justamente por eso existen ritos tan específicos como los debates electorales (un momento en el que, como en casi ningún otro, un candidato debe mostrar que es capaz de lucidez y autocontrol bajo mucha presión).

Este es el sentido último de lo que pasó en estos días. El modo en que el Partido Nacional se está desempeñando durante la campaña muestra que está preparado para gobernar.

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