Pablo Da Silveira
Pablo Da Silveira

Falso festejo

Cuando alguien festeja logros inexistentes, es que no tiene nada genuino para mostrar. En eso parece andar últimamente el gobierno. Para confirmarlo, nada mejor que fijarse en la más estridente de sus integrantes, la ministra María Julia Muñoz. Un ejemplo es suficiente para ver cómo se convierte la nada misma en objeto de celebración.

Cuando alguien festeja logros inexistentes, es que no tiene nada genuino para mostrar. En eso parece andar últimamente el gobierno. Para confirmarlo, nada mejor que fijarse en la más estridente de sus integrantes, la ministra María Julia Muñoz. Un ejemplo es suficiente para ver cómo se convierte la nada misma en objeto de celebración.

La semana pasada Muñoz dio a entender que todo anda muy bien en los centros de formación docente (tanto, que no necesita recibir aportes de nadie) y mostró su satisfacción ante la buena inscripción registrada este año. Quienes la escucharon pudieron pensar que en algún momento hubo problemas para atraer estudiantes de magisterio y profesorado, y que felizmente eso quedó atrás. Un éxito digno del mayor aplauso.

Solo que nada de eso es real. El número de estudiantes que se preparan para ser docentes ascendió levemente durante los últimos años. El alumnado de Magisterio pasó de 6.207 matriculados en 2004 a 6.325 en 2016. El número de quienes estudian para ser profesores de Secundaria pasó en el mismo lapso de 12.622 a 13.354. Las cifras sobre ingresos son incompletas pero, al menos en el caso de Magisterio, sugieren la misma tendencia. En 2004 había 2.181 estudiantes cursando primer año; en 2009 había 2.236 y en 2014 eran 2.488.

Así que la buena inscripción de este año no tiene nada de especial. Más allá de algunas oscilaciones (en general desfavorables a los gobiernos frentistas) no ha habido mayores problemas para atraer estudiantes a los centros donde se forman docentes. La gran catástrofe no ocurre en la puerta de entrada sino en la de salida: pese a que hay estudiantes y pese a gastar mucha más plata, hoy se están titulando muchos menos docentes que antes.

El peor drama ocurre en Magisterio: en el año 2005 se titularon 1.414 nuevos maestros. Esa era la cifra usual en aquellos años. Pero en 2008 solo hubo 856 titulados y en 2014 apenas 722. En otras palabras: hoy se está titulando la mitad de maestros que hace una década. Eso no alcanza ni para cubrir los aproximadamente 1.000 puestos de trabajo que Primaria debe renovar cada año. En los centros de formación de profesores las cifras no son tan dramáticas, pero siguen siendo malas: en el año 2005 se titularon 743 nuevos docentes, en 2008 lo hicieron 567 y en 2014 se llegó a 627.

El gran problema no es que falten interesados en formarse como docentes, sino que los espantamos. En el año 2014 había 2.488 personas estudiando primer año de Magisterio, pero solo 1.147 en cuarto año. Un estudio realizado en 2012 por la consultora Cifra reveló que un tercio de los estudiantes de profesorado abandona antes de rendir un solo examen, y que apenas uno de cada diez se diploma en el tiempo previsto en los planes de estudio.

Que en este contexto la ministra festeje una buena inscripción en los centros de formación docente solo puede entenderse como un caso de confusión personal o como un intento de confundir a los ciudadanos. Si los jóvenes que hoy ingresan abandonan en la misma proporción que los anteriores, entonces nada habrá cambiado y seguiremos asistiendo al mismo drama. Solo podremos festejar cuando aumente el número de egresos, siempre que no sea por la vía de sacrificar calidad y bajar exigencia.

Como el borracho del viejo chiste, Muñoz está buscando en la esquina en la que hay luz, no en la esquina donde se cayó la llave.

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